miércoles, 8 de noviembre de 2017

SEFF 2017, 5ª JORNADA

BARBARA

Francia 2017 98 min.
Guión y dirección Matthieu Amalric Fotografía Christophe Beaucarne Intérpretes Jeanne Balibar, Matthieu Amalric, Vincent Peirani, Fanny Imber, Aurore Clément, Grégoire Colin, Pierre Michon, Stèphane Roger Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2017; en Francia 6 septiembre 2017

Conocemos al Mathieu Amalric actor, pero aunque su trabajo como director hace tiempo que también lo desarrolla, aquí hemos visto sus películas con cuentagotas. Quizás la que más repercusión tuvo fue Tournée, donde contaba la gira de unas strippers americanas. La figura de Barbara, una famosa cantautora al más puro estilo diva de la canción francesa, es el centro de esta nueva incursión del actor galo como realizador. Adorada en su país y prácticamente una desconocida en el resto del Mundo, Barbara fue una artista, y como tal la trata Amalric, alejándose de la tónica general impuesta en las últimas décadas, más proclive a retratar las miserias y el sufrimiento de las estrellas que su talento y creatividad. Barbara aparece continuamente cantando, encarnada en la imagen y la voz de Jeanne Balibar, prácticamente una reencarnación de Barbara, tal es el sorprendente parecido físico que guarda con ella. Balibar ha coincidido con Amalric actor en Finales de agosto, principios de septiembre de Olivier Assayas, y con Amalric director en Wimbledon Stage, lo que demuestra la complicidad que hay entre ellos para llevar a buen puerto este proyecto. La cinta sin embargo se retuerce en su pretensión de funcionar como una caja de sorpresas o una muñeca rusa, contando la historia del rodaje de una película sobre la diva, donde la distinción entre realidad, rodaje y ficción se va diluyendo poco a poco hasta engullir a una protagonista que es Balibar, la actriz a la que da vida y Barbara misma, casi sin distinción, como atestigua una de las secuencias más fascinantes de la película. Canta Balibar, canta Barbara, y canta todo el tiempo, haciendo seguramente enloquecer a sus seguidores y seguidoras, y generando interés por quienes no la conocemos o no frecuentamos. Lástima que el espectáculo se resuelva a menudo de forma caprichosa, siempre rebuscada y algo anárquica en términos de estructura narrativa, lo que por añadidura lastra también su fuerza emotiva.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía el 9 de noviembre de 2017

UNE SAISON EN FRANCE

Francia 2017 100 min.
Guión y dirección Mahamat-Saleh Haroun Fotografía Matthieu Giombini Música Wasis Diop Intérpretes Eriq Ebouaney, Sandrine Bonnaire, Aalayna Lys, Ibrahim Burama Darboe, Bibi Tanga, Léonie Simaga Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2017; en Francia 7 febrero 2018

Mahamat-Saleh Haroun, original de Chad, lleva años dando voz a los inmigrantes africanos en Francia, país donde reside y se ha labrado una interesante carrera como director cinematográfico. En esta ocasión fija su atención en un profesor de instituto que ha tenido que huir de su país junto a sus hijos para encontrar un hueco acorde a sus necesidades básicas e intelectuales en esta desdichada Europa incapaz de dar solución a los problemas más acuciantes del planeta. Derechos y libertades, que constituyen el cuerpo básico y supuestamente más protegido de cualquier constitución de los países presuntamente civilizados que nos rodean, son sistemáticamente pisoteados, mientras nos sorprende cómo otros preceptos constitucionales son mimados hasta la extenuación. Evidentemente las leyes no son iguales para todos ni todas, no digamos ya la justicia. La falta de oportunidades, los obstáculos en el camino, son el pan de cada día para millones de personas que huyen de las guerras y la opresión, en busca del mínimo de confort que todos y todas merecemos. En el discurso de Haroun todo es sin embargo demasiado plano y funcional. Se agradece que no cargue demasiado las tintas, y que la narración fluya con más naturalidad que impostura, que suele ser lo habitual en estas funciones. Pero sorprende, en ese afán por no resultar demasiado obvio, o quiérase tópico, que las circunstancias en las que vive nuestro protagonista y su familia no nos resulten tan dramáticas como el destino al que les conducen sus circunstancias.

A CIAMBRA

Italia-Brasil-Alemania-Francia-USA-Suecia 2017 118 min.
Guión y dirección Jonas Carpignano Fotografía Tim Curtin Música Dan Romer Intérpretes Pio Amato, Koudous Seihon, Damiano Amato, Iolanda Amato, Patrizia Amato, Susanna Amato, Francesco Pio Amato, Rocco Amato Estreno en el Festival de Cannes 19 mayo 2017; en Italia 31 agosto 2017

Ciambra es una comunidad romaní en Calabria, donde la delincuencia está al orden del día; algo así como El Vacie en Sevilla. Allí vive Pio, un niño que ya suscitó el interés del realizador hace tres años, cuando le dedicó un cortometraje con el mismo título. Con los catorce a punto de cumplirlos, la cámara sigue al chaval y su “encantadora” familia, donde abunda la mala educación, el crimen, la droga y las pésimas costumbres, como si de un comando actualidad se tratara, sin un tratamiento cinematográfico apenas decente, sin una estructura narrativa precisa y abandonando el ritmo dramático casi al azar. Dos horas de andanzas del adolescente, chuleando y buscando la aceptación del clan a fuerza de fechorías, no dan para suscitar un interés mínimo. Si se trata de denuncia, no parece muy bien enfocada, ni se trasluce cuál sea su intención. Si por el contrario sólo se trata de contar una historia de marginación y delincuencia, no tiene la fuerza suficiente, y tampoco se entiende por qué ha de optar por una solución estética tan cutre y anárquica. No logramos atisbar talento en Carpignano para enfrentarse a otros trabajos de mayor envergadura, mientras nos preguntamos si no hubiera sido más efectivo rodar con un mínimo de rigor cinematográfico y un mayor interés intelectual.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

SIN AMOR (Nelyubov)

Rusia-Francia 2017 128 min.
Dirección Andrey Zvyagintsev Guión Andrey Zvyagintsev y Oleg Negin Fotografía Mikhail Krichman Música Evgueni y Sacha Galperine Intérpretes Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs, Alexey Fateev Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2017; en Rusia 1 junio 2017

En la nueva cinta de Zvyagintsev se repite un doble plano narrativo, la historia que nos cuenta, con fuerza suficiente para suscitar interés por encima de mensajes subliminales más o menos evidentes, y la realidad social que pretende retratar. Echando mano de su proverbial elegancia a la hora de rodar, el director de Leviatán y Elena ambienta esta terrible historia de egoísmo y paternidad irresponsable en las nuevas clases adineradas rusas, dejando bien claro la permanente inadaptación de la antigua Unión Soviética a un capitalismo exacerbado, y la pérdida preocupante de valores que ese cambio radical y mal enfocado ha acarreado. La dolorosa historia de una pareja destrozada por la ausencia de amor y respeto, y cómo eso repercute en su único hijo hasta derivar en una tragedia fácilmente identificable en la siempre más cruel realidad, sirve para tejer una intriga extraordinaria, creciente y llena de misterio, mientras el director va desgranando ante nosotros una serie de pistas que tendemos a confundir con la trama, pero que quizás se relacionan más con ese retrato despiadado que está haciendo de una realidad tan fría como el clima en el que habitan sus cada vez más egoístas moradores. El materialismo más extremo, frente a una paulatina falta de sentimientos y una creciente ambigüedad moral, simbolizan en la estilizada película de Zvyagintsev la incapacidad de todo un pueblo para afrontar sus peores males y acabar con sus propios fantasmas, que podrían ser entre otros la represión en Ucrania o la cohabitación entre gente extremadamente rica y superficial, móvil siempre en mano, y la que subsiste a fuerza de continuo sacrificio. Un discurso que sirve para todos y todas nosotras y sobre el que el excelente director nos avisa ante la posibilidad de un futuro cada vez más aterrador, de la mano de una cada vez más amenazante y presente política de extrema derecha.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 9 de noviembre de 2017

LOS GIGANTES NO EXISTEN

España-Guatemala 2016 82 min.
Dirección Chema Rodríguez Guión Chema Rodríguez, León Siminiani y Francisco Vargas Fotografía Álvaro Rodríguez Sánchez Música Pablo Burgués Intérpretes Rafael Rojas, Marta Tuyuc, Luis Carlos Pineda, Andrés Toz, José Javier Martínez, Patricia Orantes, Jesús Tecú Estreno en el Festival de Sevilla 5 noviembre 2017

En Anochece en la India, el director sevillano Chema Rodríguez nos contaba con mayor o menor acierto la historia de un anciano que decide volver al país que frecuentó cuando era un joven hippy. Otra localización exótica, y la búsqueda de raíces, protagoniza su nueva película, que no cuenta aún con fecha de estreno, a pesar de llevar más de un año montada. En Los gigantes no existen Rodríguez nos traslada a la guerra que asoló Guatemala en los años ochenta, para contarnos la historia de un niño secuestrado con fines terapéuticos por un miembro de la guerrilla que masacró su pueblo. Pero aquí todos tienen miedo, el niño, su madre de acogida, tocada por otra tragedia colateral, e incluso su secuestrador, amenazado por el gobierno y la patria a la que sirve con más o menos convicción. Rodríguez y su guionista, León Siminiani, nos cuentan esta historia como si fuera un cuento, ahorrándole tremendismo y efectismo barato, pero logrando transmitir toda su fuerza interior, trasladando el dolor y la impotencia de la contienda. Y no necesita recurrir a estéticas imposibles ni desaliñadas para hacerlo, sino utilizando recursos tradicionales, buscando un buen acabado formal y la empatía con el público gracias a un niño protagonista de encanto natural y atracción para la cámara. Un emocionante cuento de supervivencia en el que lo positivo y la esperanza se anteponen a la crueldad y la sinrazón de forma ejemplar y edificante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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