viernes, 4 de agosto de 2017

LA DECISIÓN DEL REY Retrato de un noble insumiso

Título original: Kongens Nei
Noruega 2016 133 min.
Dirección Erik Poppe Guión Harald Rosenløw-Eeg y Jan Trygve Røyneland Fotografía John Christian Rosenlund Música Johan Söderqvist Intérpretes Jesper Christensen, Anders Baasmo Christiansen, Tuva Novotny, Karl Markovics, Juliane Köhler, Erik Hivju, Arthur Hakalahti, Katharine Schüttler, Andreas Lust, Jan Frostad Estreno en Noruega 23 septiembre 2016; en España 4 agosto 2017

Una ambiciosa producción que cuenta los difíciles días que tuvo que vivir Noruega, y en primera persona su rey Haakon VII, durante los primeros y definitivos días de la invasión nazi en abril de 1940. Colocado en una tesitura muy parecida a la que cuarenta años después sufrió nuestro rey Juan Carlos I tras el golpe de estado de Tejero, aunque con el trasfondo mucho más delicado y peligroso de la Segunda Guerra Mundial, el rey de los noruegos tuvo que negarse a las condiciones impuestas por Alemania para lograr una situación pacífica, sumisa y rendida, del país al poder de Hitler, evitando así lo que se suponía sería un derramamiento innecesario de sangre. Entre esas condiciones se encontraba un nuevo parlamento y un nuevo gobierno comandado por el nacionalsocialista noruego Vidkum Quisling, títere de los alemanes, en lo que constituía un golpe en toda regla, de espaldas al pueblo que con su voto democrático y su confianza había legitimado a quien hasta 1905, tras la separación de Suecia, había sido rey de Dinamarca. Un acto de nobleza y lealtad sublimado por esta película fiel a los acontecimientos, lo que la erige en perfecta ilustración de un episodio histórico tan imprescindible como fascinante. Momentos de la conflagración en tierras escandinavas como el hundimiento del buque alemán Blücher desde la Fortaleza de Oscarborg, la autorización de Elverum, por la que se otorgaron plenos poderes al ejecutivo ante la imposibilidad de que el parlamento se reuniese, o el fallido bombardeo de Nybergsund, con el que la aviación alemana intentó borrar del mapa al insumido monarca, son recreados con impactante fuerza visual en una película que cuenta además con las soberbias interpretaciones de Jesper Christensen (Spectre, Quantum of Solace, Melancolía, Nymphomaniac) dando vida a Haakon VII, y Karl Markovics como el apocado, ambiguo e inseguro Curt Bräuer, embajador de Alemania en Noruega y encargado de las negociaciones con el rey. Lamentablemente la realización de Erik Poppe (Aguas turbulentas, Mil veces buenas noches) se antoja fría y distante, insuficiente para atrapar todo lo que una historia como ésta es potencialmente capaz, dejando además a su operador que se mueva a gusto, con desagradables zums, desenfoques buscando personajes y bruscos y continuos movimientos de cámara yendo de unos a otros, todo muy Dogma aunque la puesta en escena sea sobria y rigurosa, de tonos ocres y azulados buscando la perfecta ambientación, y la música de Söderqvist, muy en estilo Hans Zimmer, vistosa y espectacular. Pero lo cierto es que el pulso narrativo falla con frecuencia y la dramaturgia se hace a ratos pesada, malogrando parcialmente las posibilidades de un trabajo sobre el papel enormemente interesante.

Mª ESTHER GUZMÁN Y SARAH ROPER: CUMPLIR EXPEDIENTE

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Sarah Roper, oboe. Mª Esther Guzmán, guitarra. Programa: Cavatine Op.37 y Le Montagnard, de Coste; Sonata en La menor, de Telemann; Andaluza y Valses poéticos, de Granados; Malagueña, Granada y Sevilla, de Albéniz. Jueves 3 agosto 2017

En la segunda mitad del siglo XIX surgió la necesidad de desviarse del lenguaje musical clásico vienés, incorporando elementos folclóricos y nacionalistas en la música seria. La guitarra sirvió en nuestro país para cumplir ese expediente que diera entidad propia a las composiciones de nuestros autores, si bien su influjo y carisma traspasó fronteras y embaucó también a otros, como el francés Napoleon Coste, que dejaron subyugarse por el aroma inconfundiblemente mágico y enigmático del instrumento. 

Dos virtuosas de sus instrumentos, Mª Esther Guzmán y Sarah Roper, ofrecieron juntas y solas por primera vez – con el flautista Vicent Morelló forman el Trío Mesamor – un concierto sin un criterio fijo más que el de interpretar piezas que se adaptaran bien a su combinación, ya fueran originalmente escritas para el tándem o transcritas con tal fin. En el caso de las obras seleccionadas del guitarrista y compositor francés, con más de cincuenta obras catalogadas para el instrumento, parece que fueron concebidas originalmente para oboe y guitarra. Alumno y colaborador de Fernando Sor, Coste se caracteriza por un estilo sencillo y ornamentado sólo hasta lo conveniente, con notables influencias de la ópera cómica, que Guzmán y Roper trasladaron con respeto y delicadeza desde sus partituras electrónicas, ideales para evitar los envites del viento y las antiestéticas pinzas. Especialmente atractiva resultó Le Montagne, una obra de reminiscencias pastorales a la que las intérpretes dotaron de una cálida atmósfera.

El trabajo como continuo de Guzmán en la Sonata de Telemann definió su papel en el resto del concierto, una base sólida y concentrada sobre la que Roper desplegó la parte melódica, lo que provocó una disminución del carácter sentimental de las piezas. Así sucedió con la archifamosa Andaluza de Granados, cuyos Valses poéticos en versión considerablemente reducida, disfrutaron de una ejecución técnicamente impecable pero expresivamente insuficiente. Quizás no sea el oboe un instrumento muy apropiado para trasladarnos a los universos de Granados y Albéniz, como quedó demostrado también en unas muy simples y rígidas Malagueña, de España, y Granada y Sevilla, de Suite española, a pesar de los esforzados arreglos de Guzmán, orientados también a destacar el papel protagónico de la madera frente al contrapuntístico y casi exclusivamente acompañante de la guitarra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 3 de agosto de 2017

ROCÍO DE FRUTOS Y MANUEL VILAS: LOS ÁNGELES DE MURILLO

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Rocío de Frutos, soprano. Manuel Vilas, arpa de dos órdenes. Programa: Retratos en cifras: Un homenaje musical a Murillo (obras de Juan Hidalgo, Juan de Navas, José Marín y Juan del Vado, entre otros).
Miércoles 2 agosto 2017

Además de para experimentar con combinaciones instrumentales y vocales poco habituales, las Noches del Alcázar han sido siempre un excelente escenario para descubrir a los nuestros. No nos referimos a los intérpretes, que es de lo que más se nutren estos conciertos, sino de nuestros compositores, algunos tan influyentes y representativos como Juan Hidalgo, del que esta formación entonó cuatro piezas, y sin embargo tan desconocidos y poco divulgados. El pretexto lo ofreció la celebración del cuatrocientos aniversario del nacimiento de Murillo, una efemérides de la que la ciudad promete hacerse cargo generosamente en la próxima temporada, cuando apenas queden cuatro meses para terminar el año en el que se cumple, por lo que la mayor parte de los festejos tendrán lugar ya en el próximo. La sevillana Rocío de Frutos y el gallego Manuel Vilas se adelantaron para rendirle homenaje en el seno de estas veladas tan especiales. Juntos evocaron la faceta sacra del autor de las innumerables Inmaculadas, así como la profana presente en obras como Niño espulgándose. Aunque la voz de ella y el instrumento de él lo que más evocaron fueron los ángeles y querubines tan frecuentes en la pintura de este inmortal sevillano.

Las músicas de contemporáneos suyos, casi todos íntimamente relacionados con la Capilla Real de Felipe IV y el nacimiento del género lírico – ópera y zarzuela – en nuestro país, brillaron en unas interpretaciones responsables y apasionadas, en las que Rocío de Frutos lució una perfecta dicción, imprescindible para seguir la narración dramática integrada en los tonos humanos de la segunda parte, así como una incontestable entonación y una fuerte carga de expresividad, a pesar de la contención habitual en esta artista tan delicada y exquisita. Así, el gracejo de Zagales los que me oyen, de la Escuela de Cuzco, contrastó con el sublime lamento de Esperar, sentir, morir de Hidalgo o la conmovedora hermosura de Ojos, pues me desdeñáis de José Marín, sacerdote y delincuente condenado capaz de joyas como ésta. Todo ello en perfecto estilo, a pesar de la demostrada capacidad de la soprano para combinar estilos y adaptarse a tantos y tan diferentes. Lástima que la dulzura de su voz se viera algo ensuciada por los efectos de la amplificación, por otra parte necesaria, aunque eso no fue obstáculo para disfrutar de laboriosos pianissimi y una emisión sincera y natural.

Por su parte, Vilas acompañó con un sentido poético de la pulsación, generando esa atmósfera mágica que precisa cada tono, y arropando sin narcisismos innecesarios la intensa labor de la cantante. Para ello se valió de una preciosa copia de un arpa original del siglo XVII español, de dos órdenes, habitual en la época y muy apreciado por los compositores convocados. Destacó además en sus solos, una obra de falsas cromáticas que explicó con talento pedagógico y donde destacaron sus imbricadas disonancias, y un sarao y gitanilla de contrastados colores y evidente sentido rítmico. Como propina decidieron homenajear a Juan del Encina, tan imprescindible para estudiantes y practicantes, como olvidado en los escenarios oficiales. En sus generosas locuciones, de Frutos demostró también su capacidad como profesora y conferenciante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía