viernes, 22 de septiembre de 2017

ARRANQUE DE TEMPORADA DE LA ROSS CON VOZ PROPIA

1º concierto de abono de la 28ª temporada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Akiko Suwanai, violín. Daniel Müller-Schott, violonchelo. John Axelrod, director. Programa: Doble Concierto Op. 102 y Sinfonía nº 1 Op. 68, de Brahms. Teatro de la Maestranza, jueves 21 de septiembre de 2017

Comenzó una nueva temporada de la ROSS que se promete menos tumultuosa que las dos anteriores. La ausencia de lazos verdes, la sintonía sobradamente demostrada con su director titular, y el elevado nivel técnico alcanzado por cada familia instrumental, así lo hace pensar. Una demostración más de lo necesaria que ha llegado a ser la orquesta para la ciudad y el devenir de su periplo cultural; un tesoro que disfrutamos y admiramos y del que todos y todas nos hemos de sentir responsables en una u otra medida. Comenzó sin embargo con casi idéntico programa con el que lo hizo hace seis años, cuando Halffter, Alexandre Da Costa y Asier Polo acometieron las mismas obras Brahmsianas – el resto de su obra orquestal fue interpretada a lo largo de aquella temporada – además del homenaje de Tomás Marco a Brahms, Through the Looking Glass.

Esta ocasión se nutrió de dos excelentes solistas con voces muy singulares, que demostraron su dominio técnico además de un profundo entendimiento de la estética del compositor alemán. Recayó en la violinista japonesa Akiko Suwanai y el popular violonchelista Daniel Müller-Schott la mayor parte de la fuerza arrebatadora del Doble Concierto, mientras Axelrod se limitó a arropar con respeto y consideración, extrayendo de la orquesta un sonido nítido aunque demasiado metálico, pero obviando en su lectura apacible y encantadora los ribetes dramáticos que acoge tan emblemática página. Al margen de la excelente música de cámara de Brahms, sus piezas orquestales, incluida esta suerte de sinfonía concertante, son esencialmente eso, orquestales, lo que quiere decir que es en el tutti donde ha de recaer toda la fuerza y la sensibilidad de la pieza. Afortunadamente la cadenciosa majestuosidad del violonchelista alemán, con una introducción de las que dejan sin respiración, y la elegante elocuencia de la japonesa, con un fraseo ágil y flexible y un flujo natural en las antípodas de cualquier impostura, lograron una lectura ejemplar, acentuada por el sutil y constante diálogo entre los solistas, y el equilibrio que el director supo impregnar al conjunto. Axelrod utilizó una voz propia, dejando su atmósfera algo desvaída, poco sombría, demasiado luminosa, que hizo palidecer la genialidad de una obra irrepetible. En la propina, los acordes vivos y juguetones del segundo movimiento de la Sonata para violín y cello de Ravel, lograron la admiración del entregado y muy respetuoso público.

Por los mismos derroteros deambuló la Sinfonía nº 1 de Brahms, impecable técnicamente, bien construida y articulada, pero con considerables caídas de tensión, sin ese análisis contemplativo que demanda la página. Ambiciosa y decidida en los movimientos extremos, cálida y amable en los internos, Axelrod acentuó el carácter apoteósico del final, justificando el título del programa, un triunfo que asociamos más a la superación de todos los altibajos sufridos por la orquesta que a las obras seleccionadas para este arranque de temporada, una de las más nutridas y comprometidas del excelente conjunto andaluz.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 18 de septiembre de 2017

DETROIT Alegato contra la brutalidad policial

USA 2017 143 min.
Dirección Kathryn Bigelow Guión Mark Boal Fotografía Barry Ackroyd Música James Newton Howard Intérpretes John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyn Dever, Ben O’Toole, John Krasinski, Anthony Mackie, Nathan Davis jr., Peyton “Alex” Smith, Malcolm David Kelley, Joseph David-Jones Estreno en Estados Unidos 4 agosto 2017; en España 15 septiembre 2017

Los ricos oprimen a los pobres, los hombres a las mujeres, los heteros a los homosexuales, los blancos a los negros… es una constante de la lamentable historia de la humanidad; en consecuencia las fuerzas del orden están para proteger a los poderosos, los opresores. Suele ser tanto así que con frecuencia en lugar de sentirnos protegidos por la policía, nos sentimos más bien amenazados, atemorizados. Cuando de disolver manifestaciones y protestas se trata, es bien sabido que lo más efectivo es soltar destacamentos llenos de bestias descerebradas que cargan sin compasión sobre la gente implicada. Lo hemos visto hace poco en Murcia, donde centenares de ciudadanos y ciudadanas que pagan sus impuestos y cumplen con sus obligaciones, son maltratadas por las fuerzas del orden cuando intentan defender su pequeña parcela de libertad y bienestar, cuando los gobiernos que se mantienen con sus impuestos y los nuestros, deciden dividir la ciudad, hacer pasar por superficie el tren y marchitar esa imitación de intimidad que han conseguido con mucho esfuerzo y sacrificio. De esa policía brutal y demoledora trata fundamentalmente esta dura y necesaria película de la directora de En tierra hostil y La noche más oscura, si bien mediante la siempre candente utilización del racismo, con un trasfondo social y político concreto, la dura represalia sufrida en los sesenta del pasado siglo por las considerables protestas de la comunidad afroamericana en la hoy devastada ciudad de Detroit, entonces cuna de la Motown Records y la industria automovilística de Estados Unidos. Cuenta para ello con la inestimable ayuda del guionista Mark Boal, responsable de los dos anteriores trabajos de la realizadora, así como de la brillante En el valle de Elah. Una voz autorizada para tratar un tema como éste, que sigue siendo todavía hoy una asignatura pendiente en un país que abolió la esclavitud a mediados del siglo XIX; la marginación, la falta de oportunidades y el odio fomentado desde las capas más altas de la sociedad, la política y los medios de comunicación, son base y germen de esta incapacidad global para desterrar definitivamente un sentimiento tan atroz y anacrónico. De hecho son las columnas del odio y la marginación en cualquier conflicto humano, basta comprobarlo en el que actualmente nos afecta de cara al catalanismo. Bigelow aprovecha un sangriento y desproporcionado caso de opresión, el ocurrido en 1967 en el Hotel Algiers de la machacada ciudad, para poner en escena un caso de despiadado, desquiciado y absolutamente brutal abuso policial, acertando en el tono y la forma, insistiendo en ese estilo semidocumental de sus dos anteriores y premiados trabajos, y ahondando en dotar de seriedad un episodio aún maquillado de los archivos policiales norteamericanos. Y para eso estructura su película en cuatro partes diferenciadas, la presentación del ambiente propiciatorio de la tragedia central y los personajes que la vivieron, la definición de éstos una vez situados en el hotel de los acontecimientos, el gravísimo episodio denunciado y la manipulación manifiesta de la investigación y posterior juicio. De todas estas partes es la segunda, la que transcurre en el hotel antes de desatarse la tragedia, la que distrae más nuestra atención, hace perder el ritmo de la función y malogra parcialmente las posibilidades de una película que, no obstante, se revela extraordinaria en sus postulados, intenciones y resoluciones.

lunes, 11 de septiembre de 2017

CLAUSURA FESTIVAL TURINA: BUENA MÚSICA CON BUENOS ROPAJES

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Mario Martos, trompeta. Tobias Feldmann, Tanja Becker-Bender, Philippe Graffin y Antonio Viñuales, violín. Cristina Santos Taboada y Lise Berthaud, viola. Salvador Bolón y Bertrand Raynaud, cello. Joaquín Arrabal, contrabajo. Benedicte Palko, Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Programa: Cuarteto para oboe K370, de Mozart; Cuarteto para piano Op. 67, de Turina; Septeto para trompeta Op. 65, de Saint-Saëns; Quinteto Op. 81 B155, de Dvorák. Capitanía General, domingo 10 septiembre 2017

Michail Lifits
Como es habitual la clausura del Festival Turina tuvo lugar en el coqueto teatro diseñado por Aníbal González en el interior de Capitanía General, un espacio astutamente elegido para atraer el mayor número de personas, con inmejorables condiciones acústicas que hacen brillar aún más, si cabe, el extraordinario rendimiento de las figuras convocadas en cada edición de este singular acontecimiento. Ataviadas con los diseños de Carmen Latorre, tal como Benedicte Palko recalcó en éste y el concierto de la noche anterior, las intérpretes lucieron espléndidas, rindiendo pleitesía a una ocasión que tanto lo merece por su excelencia musical y tan emblemático lugar.

Tanja Becker-Bender
Cristina Gómez volvió a sorprender con un dominio absoluto del oboe, lo que le permitió extraer toda la gracia del primer movimiento del Cuarteto de Mozart y la emocionante gravedad del adagio, así como brillar en la profusa ornamentación del rondó final, siempre bien acompañada por Feldmann y el resto de una cuerda con mucho cuerpo y sustancia. Más folclórico el Cuarteto con piano de Turina que el Quinteto interpretado la noche anterior, el conjunto hizo hincapié en su carácter sencillo y conciso, atacando con respeto y claridad y dejando claro su proceso cíclico con una ejecución nítida del leit motiv (Turina compuso muchas bandas sonoras). Especial mención merece Bertrand Raynaud al violonchelo, con un sonido dulce y conmovedor, así como el carácter vivaz y extrovertido que supo imprimirle la cuerda, con la violinista alemana Tanja Becker-Bender al frente, y un inconfundible aroma andaluz sobresaliendo durante toda la interpretación, muy palpable en el estilo rapsódico impregnado por Benedicte Palko al piano.

Sofya Melikyan
Antes de agradecer a la organización la oportunidad de conocer Sevilla y Turina, Philippe Graffin puso en pie el Septeto de Saint-Saëns, en el que volvió a brillar la trompeta ágil y moderadamente pomposa del joven Mario Martos, con la complicación añadida de tocar sin pistón, como exige la partitura. El carácter travieso de la pieza quedó perfectamente expuesto merced a una cuerda ágil y el contrastado piano de Melkyan, si bien faltó algo más de ironía. El Quinteto Op. 81 de Dvorák añadió una atmósfera de aroma bohemio, destacando el piano arrebatado y elegante de Lifits, así como los hermosos y muy matizados acordes en el chelo de Raynaud y la viola de Lise Berthaud, en un conjunto que supo conjugar a la perfección el melancólico lirismo y los ritmos danzantes de la obra. Experiencias así merecen mimarse y conservarse para que dentro de dos años volvamos a disfrutarlas. Por cierto, ni rastro de la Reina Sofía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 10 de septiembre de 2017

BORDAR LA MÚSICA Y LA EMOCIÓN EN EL FESTIVAL TURINA

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Philippe Graffin, Tobias Feldmann y Olatz Ruiz de Gordejuel, violín. Cristina Santos, viola. Salvador Bolón, cello. Programa: Sonata para oboe y piano Op. 166, de Saint-Saëns; Sonata para violín y piano FP 119, de Poulenc; Quinteto Op. 1, de Turina. Espacio Turina, sábado 9 septiembre 2017

Cristina Gómez
La feliz idea de reunir a varios y varias solistas en torno a un mismo escenario, y hacer que trabajen en conjunto, olviden sus posibles egos y compartan ideas y experiencias para sacar adelante las obras encomendadas, es uno de los grandes atractivos de un festival que merece consolidarse y convertirse en evento de referencia. Es así como la afortunada melomanía sevillana comulga con versiones tan sensacionales como las ofrecidas el pasado sábado en el Espacio Turina, en torno a una de las grandes obras del compositor que le da nombre, arropándola con autores que ayudan a situarla en el espacio y el tiempo, París a principios del siglo XX, donde Turina vivió su ineludible periplo estudiantil y conoció algunas de las claves que definirían su estilo.

Philippe Graffin
Cristina Gómez, natural de Linares, es uno de esos milagros surgidos de la Fundación Barenboim-Saïd. Puede que su enorme talento hubiese quedado en el anonimato si no fuera por el empuje que le ha dado la Academia del Diván, que le ha llevado con toda justicia a la Staatskapelle de Berlín. Su exquisito fraseo al oboe, paladeando cada nota, un prodigioso dominio del legato y la respiración y un encantador estilo para dotar cada acorde de una singular expresividad, lograron una interpretación de la Sonata de Saint-Saëns luminosa y atenta a cada detalle, desde el airoso andantino al espiritual final, pasando por un bucólico y pastoril allegretto, con la inestimable ayuda de la pianista armenia Sofya Melikyan, entregada a abrigar la interpretación de Gómez sin excesos ni arrogancias. Habiendo sido Gary Hoffman la sensación de la pasada edición, esta vez es Philippe Graffin la gran estrella del festival. El violinista francés bordó con mordiente y agresividad, ataques contundentes y crispados, la Sonata de Poulenc, una obra considerada decepcionante por muchos pero que encierra un espíritu rebelde y rabioso muy atractivo, quizás por estar dedicada a Lorca seis años después de su criminal pérdida. Lifits ofreció el contrapunto con un estilo arrebatado y rapsódico, en perfecto equilibrio y sintonía con la exuberante exhibición de Graffin.

Tobias Feldmann
El Quinteto nº 1 de Turina es una obra monumental, cuya interpretación en París motivó un cambio de rumbo en la carrera del compositor, debido al consejo de Falla y Albéniz, presentes en la audición, para que creara un estilo propio con elementos andaluces. Lo cierto es que el Quinteto, aún bebiendo de fuentes ya trasnochadas como Brahms o Franck, es una pieza de espíritu europeísta, prodigiosa de texturas densas y una fulgurante expresividad. El violinista alemán Tobias Feldmann lideró una interpretación brillante y perfectamente ensamblada de esta pieza clave en el catálogo de Turina, un viaje estremecedor a partir de la fuga inicial, en el que los cinco intérpretes convocados lograron insuflar nitidez y emoción en alto grado, dejando para el recuerdo el más digno y delicado homenaje que a la música de un sevillano inmortal se pueda dedicar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 9 de septiembre de 2017

EL AMANTE DOBLE Erotismo de boutique

Título original: L’amant double
Francia-Bélgica 2017 107 min.
Dirección François Ozon Guión François Ozon y Philippe Piazzo, según la novela de Joyce Carol Oates "Lives of the Twins" Fotografía Manuel Dacosse Música Philippe Rombi Intérpretes Marine Vacth, Jérémie Rennier, Jacqueline Bisset, Myriam Boyer, Dominique Reymond, Fanny Sage, Jean-Édouard Bodziak Estreno en el Festival de Cannes y en Francia 26 mayo 2017; en España 8 septiembre 2017

Ozon (Frantz, Una nueva amiga, En la casa) continúa explorando el complejo universo de la psicología femenina con menos acierto de lo pretendido, en esta petarda película con la que además parece querer homenajear a Hitchcock indirectamente a través de su pupilo más reconocido, Brian De Palma. En la base se encuentra una novela de Joyce Carol Oates, escritora estadounidense cuyos guiones y adaptaciones, la última otro de esos infames vehículos violentos para lucimiento de Nicolas Cage (La hora de la venganza), no merecen consideración alguna. Ambientes sofisticados y protagonistas maniquíes sirven para tejer una rocambolesca trama en la que los traumas maternales y fraternales de una joven hermosa e inexpresiva, una suerte de Emmanuelle en continua exploración de su curiosa sexualidad, se mezclan con el habitual misterio con el que se quiere representar la relación entre gemelos, con Inseparables de Cronenberg como referente más ilustre. Todo ello tratado como si de un largo spot publicitario del perfume más cursi y embriagador se tratara. Acostumbrados a verlo en papeles de carácter social, casi siempre de la mano de los Dardenne (otros hermanos), Jérémie Rennier aparece aquí suficientemente estilizado y elegantemente ataviado, ya sea en su vertiente intelectual o canalla, como para representar al típico dandy de manual, mientras la presencia siempre estimulante de Jacqueline Bisset, todavía hermosa a sus setenta años, se antoja el mayor atractivo de un film en el que el misterio se pierde entre tanto estilismo, y la seducción lo hace mediante un par de atrevidas y novedosas, aunque recatadas, secuencias de erotismo de satén rosa.

IT Per-Versión de Los Goonies

USA 2017 135 min.
Dirección Andy Muschietti Guión Chase Palmer, Cary Fukunaga y Gary Dauberman, según la novela de Stephen King Fotografía Chung-hoon Chung Música Benjamin Wallfisch Intérpretes Jaeden Lieberher, Jeremy Ray Taylor, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Chosen Jacobs, Jack Dylan Grazer, Wyatt Olef, Bill Skarsgard, Nicholas Hamilton, Jake Sim, Logan Thompson, Owen Teague, Jackson Robert Scott, Stephen Bogaert, Stuart Hughes, Molly Atkinson, Megan Charpentier, Javier Botet Estreno simultáneo en Estados Unidos y España 8 septiembre 2017

Una de las sensaciones del año mediante una de esas vastas campañas de publicidad que convierten en imperdonable no verla, It era una asignatura pendiente dentro de la larga serie de películas basadas en novelas de Stephen King, aunque ya hace casi treinta años se realizara una mini serie para televisión. Fruto de una mente torturada y desequilibrada, seguramente con una infancia muy chunga, propone una mirada al difícil paso de la infancia a la adolescencia a partir de una serie de clichés que convergen en una espeluznante historia de terror protagonizada por un horrendo payaso bajo cuyo maquillaje se esconde el apolíneo hijo de Stellan Skarsgard y hermano de Alexander, Bill Skarsgard. Como si los payasos no constituyeran de por sí objeto de las fobias más extremas por parte de un amplio sector de la población infantil, en el enfermizo argumento del autor de El resplandor se dan cita todos los horrores propios de una niñez adulterada, como maltrato infantil, abuso sexual, sobreprotección, desapariciones, orfandad, bullying y otras manoseadas delicatessen de repertorio. Reminiscente de Cuenta conmigo, y en mayor medida de Los Goonies, en su supuesta reivindicación de la aventura clásica, pretende subrayar la fuerza de la amistad y la compenetración en una serie de niños frikis, pero con un terror como telón de fondo en el que el disparate se da la mano con lo absurdo con tal de proponer una serie de situaciones terroríficas. El peor de los fantasmas sin embargo no es la preocupación puntual de cada protagonista sino el hecho de ver, una vez más en el cada vez más enfermizo cine americano, niños empuñando armas de toda índole y enfrentándose con la violencia más extrema a sus acosadores, ya sean terrenales o sobrenaturales. Los perpetradores de este desatino, por mucho que se adapten a la letra del famoso escritor, son el matrimonio argentino Muschietti (Andy en la dirección y Barbara en la producción), que hace unos años también invadieron las pantallas de efectismo terrorífico con Mamá. Entre los guionistas destaca Cary Fukunaga, director de las estimables Sin nombre, Jane Eyre, la inédita entre nosotros Beasts of No Nation y la serie de televisión True Detective. En el elenco una pandilla de nuevos rostros que hacen un excelente trabajo, dejando las estrellas para su segunda parte, aún en proceso de gestación, cuando los chicos sean adultos, mientras el catalán Javier Botet vuelve a encarnar uno de esos seres monstruosos que lo están convirtiendo en millonario imprescindible. Al final ni sabemos por qué Derry en Maine es objeto de esta dolorosa maldición, ni si el vehículo es adecuado para superar la difícil pérdida de la inocencia, ni si haber estado sometidos a tanta tensión ha merecido la pena; porque eso sí, hay ritmo, tensión e inquietud en una película muy cuidada en los aspectos técnicos pero perdida en su amalgama de violencia extrema y falta de toda ética, sepultada bajo un lodo de absurdo que la hace intragable, y con respecto a sus referentes ochenteros, sin alma.

viernes, 8 de septiembre de 2017

LUIS ORDEN Y TATIANA POSTNIKOVA: DE LA DELICADEZA AL VIRTUOSISMO

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Luis Orden, flauta travesera. Tatiana Postnikova, piano. Programa: Morceau de concours y Fantaisie Op. 70, de Fauré; Suite de trois morceaux, de Godard; Fantaisie Pastorale Hongroise Op. 26, de Doppler; Selección de Canciones españolas antiguas, de Lorca; Fantaisie Brillante sur Carmen, de Borne. Jueves 7 septiembre 2017

El nombre de Paul Taffanel, considerado en su época el padre de la Escuela Moderna Francesa de flauta, estuvo presente en las tres primeras obras interpretadas en este concierto de la recta final de estas Noches del Alcázar. Él fue quien pidió a Fauré una pieza (morceau) para un concurso de jóvenes estudiantes del Conservatorio de París en 1898, mientras la Fantasía la dedicó al reputado flautista y la estrenó el ganador de dicho concurso. También Benjamin Godard compuso su Suite en tres movimientos para Taffanel. Las tres obras constituyeron un remanso de paz y delicadeza en el primer tercio de un estupendo concierto brindado por Luis Orden y Tatiana Postnikova, bien conocidos de la melomanía local, y tan compenetrados como que llevan casi dos décadas colaborando juntos, en pareja o como integrantes de conjuntos como el de Solistas de Sevilla.

Tanto la Pieza de concurso como la Fantasía de Fauré exigen un alto control de la expresividad y una notable delicadeza en su ejecución. De hecho el autor decidió respecto a la primera apartarse de la obsesión por el virtuosismo extremo que caracterizaba al Conservatorio de París, para centrarse en un trabajo de mayor capacidad de evocación y profunda reflexión. El resultado en manos de Orden fue impecable a nivel técnico y suficiente a nivel expresivo, aunque en este punto hubiésemos preferido un mayor calado emocional. La Fantasía sin embargo combina un encantador estilo siciliano con un endiablado allegro en el que el flautista puede desplegar un amplio abanico de recursos pirotécnicos, como de hecho hizo Orden, haciendo gala de un extremo dominio de la respiración y un fraseo nítido y elocuente, apoyado en una refinada pianista. Benjamin Godard fue muy célebre en su época, sin embargo hoy es apenas recordado por esta Suite en tres movimientos, que exige igualmente virtuosismo y amabilidad, además de un acompañamiento competente al piano, muy en línea con la música de salón que representa. Los intérpretes acertaron a ser elegantes en el allegretto, nostálgicos en el Idilio y enérgicos en el Vals final.

El virtuosismo se apoderó del tercio final del concierto, con una Fantasía sobre Carmen del flautista François Borne, típico vehículo para el lucimiento del solista, que Orden defendió con aplomo a pesar de un molesto desatino en una de las notas finales, que no empañó sin embargo una interpretación ejemplar. Antes aceptó el desafío que supone la Fantasía Pastoral Húngara de Franz Doppler, con sus aires lisztianos y sus atrevidos giros, un amplio dominio de la melodía y un considerable despliegue virtuosístico en las cadencias. El Zorcico, la Nana y las Sevillanas que Lorca recopiló en sus Canciones españolas antiguas, gozaron de una interpretación equilibrada y elegante, palmas del público incluidas en la repetición como propina de ¡Viva Sevilla!, todo acompañado de una noche fresca y un público deleitado.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de septiembre de 2017

BANDA FESTIVAL TURINA: ESPERANZA E ILUSIÓN

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Banda Festival Turina. José Rafael Pascual-Vilaplana, director. Mario Martos, trompeta. Programa: Irish Tune from County Derry & Shepherd’s Hey, de Grainger; An Original Suite, de Jacob; Rhapsody in Blue, de Gershwin; O Magnum Mysterium, de Lauridsen; Dionysiaques, de Schmitt; Marcha militar y La procesión del Rocío, de Turina. Espacio Box, miércoles 6 septiembre 2017

Pascual-Vilaplana
El Festival Turina se caracteriza por aprovechar diversos y atractivos escenarios, como el Hotel Alfonso XIII que cobijó una matiné protagonizada por el excelente violonchelista Gary Hoffman y el pianista Michail Lifits, que estarán de nuevo presentes en otras convocatorias del festival. La noche se trasladó al espectacular Espacio Box, antiguo y muy admirado Pabellón de Canadá, donde nació un nuevo proyecto ilusionante, el estreno de una numerosa banda de jóvenes intérpretes, seleccionados apenas hace tres meses, y que con sólo cinco días de ensayo han logrado unos resultados muy por encima de lo que cabía esperar. Una demostración más de los grandes logros conseguidos en esta ciudad con los diversos programas académicos orientados a nuestra juventud, cada vez mejor formada, con la Fundación Barenboim-Said y la Sinfónica Conjunta a la cabeza.

Mario Martos
En los atriles unas piezas dominadas por su carácter amable y desenfadado, empezando por un Tema irlandés arreglado por el americano de origen australiano Percy Grainger a partir del célebre Danny Boy que no llegó a alzar el vuelo debido a una interpretación desequilibrada y de ataques imprecisos que no permitió emocionarse con su exquisita melodía. Mejor resultó el brío y la energía a ritmo de ragtime de la otra pieza del compositor, más en su línea habitual de principios del XX, época mayormente evocada para enmarcar la música de Turina con la que terminó la exhibición. An Original Suite for Military Band resplandeció a las órdenes de un muy aplicado y entusiasta Pascual-Vilaplana, director de la Banda de Bilbao, con una versión bien contrastada y un espíritu elegante. El trompetista ucraniano Timofei Dokshizer es el responsable de los arreglos de la Rapsodia en Blue de Gershwin que, una vez adaptados a banda por David Andrews, sirvió de base para una exhibición flexible y bien articulada del también joven Mario Martos, miembro de la Orquesta de la Radio de Múnich. La banda por su parte captó a la perfección el espíritu urbano de esta partitura, ofrecida con numerosos cortes, cambios y unas cadencias que Martos defendió admirablemente.

El carácter místico de O Magnum Mysterium del compositor de origen danés Morten Lauridsen, original para coro a capella, se trasmutó en una suerte de elegía heroica a lo John Williams en su versión adaptada, mientras el carácter moderadamente impresionista de la pieza de Florent Schmitt, se saldó con líneas confusas y enmarañadas frente a un sentido del ritmo acertado. La Marcha militar de Turina que Rafael Ruibérriz recuperó hace unos años a partir del original para orquesta y los restos aparecidos de su adaptación, sirvió como feliz preludio a una Procesión del Rocío ejemplar, cuyo ambiente festivo y colorido brillante convivió con unos aires devotos y folclóricos dominados por la finura y la elegancia habituales en el maestro sevillano.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 6 de septiembre de 2017

REHENES Chapuceros

Título original: Mzevlebi
Georgia-Rusia-Polonia 2017 103 min.
Dirección Rezo Gigineishvili Guión Lasha Bugadze y Rezo Gigineishvili Fotografía Vladislav Opelyants Música Giya Kancheli Intérpretes Irakli Kvirikadze, Tina Dalakishvili, Merab Ninidze, Darejan Kharshiladze, Auto Makharadze, Mikheil Gomiashvili Estreno en el Festival de Berlín 10 febrero 2017; en Georgia 20 abril 2017; en España 1 septiembre 2017

Con unas premisas interesantes, que dejan pasar por alto el hecho de tratarse de una cinematografía con pocas garantías como es la georgiana, el film va paulatinamente perdiendo fuelle conforme avanza, debido a un tratamiento chapucero que confunde poesía y objetividad con falta de rigor narrativo y estructura firme, dando al traste con la empresa y sus objetivos. Basada en unos dramáticos hechos reales, se trata de poner en solfa la falta de oportunidades y libertades, con el mar como licencia poética demasiado evidente, para una generación que, tan lejos de los postulados de la revolución, provocaría la caída del muro y el derrumbe del aparato logístico, político, social y económico de la Unión Soviética. Sin apenas trazar un perfil convincente de los personajes ni sus motivaciones, meramente apuntados con un disco de los Beatles y una canción de los mismos entonada en una alegre boda, los anhelos de libertad y cambio de unos jóvenes supuestamente inconformistas parecen faltos de información suficiente, al menos sobre sus aptitudes como élite intelectual y su choque generacional con sus padres, ideológicos y naturales. De ahí pasamos tras una hora de tedio y situaciones anticlimáticas, a un ataque de índole terrorista de cuya preparación apenas se nos ha ilustrado, y que exhibe un enorme nivel de chapuza en su resolución, tanta como la desplegada por su realizador en una puesta en escena que acaba por antojarse irrelevante y anodina a pesar de sus graves referencias.

martes, 5 de septiembre de 2017

TRÍO ARRIAGA EN EL 6º FESTIVAL TURINA: MANJARES AL HORNO

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Juan L. Gallego, violín. David Apellaniz, violonchelo. Daniel Ligorio, piano. Programa: Tríos completos de Joaquín Turina. Espacio Turina, lunes 4 septiembre 2017

Felipe Rodríguez, a la derecha, fue sustituido por
Juan Luis Gallego, en la otra fotografía
Arrancó, después de un otoño y un invierno plagados de incertidumbre, el necesario festival de música de cámara que lidera Benedicte Palko, que de manera muy conveniente agradeció el apoyo de los numerosos patrocinadores que han hecho posible su sexta edición, en una rigurosa presentación antes de dar paso al estupendo Trío Arriaga encargado de inaugurar el ciclo. Mal hizo los deberes el ICAS permitiendo que público, y muy especialmente músicos, tuvieran que lidiar con tan malas condiciones climáticas, el aire acondicionado estropeado y el habitual anquilosamiento administrativo para solucionarlo. Con traje de chaqueta y una temperatura inadecuada tuvieron que traducir, con éxito, los integrantes del prestigioso conjunto los acordes de los tríos completos de Turina.

Apenas alguno de los tríos de Turina catalogados había sido interpretado en las anteriores ediciones del festival que lleva su nombre. El Arriaga se presentó con los tres oficiales y el primerizo que tiene fuera de catálogo, único que estrenó en su Sevilla natal. En este punto no deja de sorprendernos el desapego de la sevillanía hacia la ciudad que tanto confiesa amar. De la misma manera que poca gente alza su voz hacia los desmanes que se perpetran en tan bella ciudad, destruyendo paseos premiados para convertirlos en horrorosos portaviones (Marqués de Contadero), o permitiendo que tanta suciedad se almacene en sus calles, qué poco interés suscitan sus iconos culturales, evidenciado en un aforo insuficiente para tan significativo programa, centrado en uno de nuestros músicos más emblemáticos. El Trío en Fa es una obra de juventud, plenamente romántica, en la que el autor desplegó el fuego y temperamento propios de su edad, acusando pleno dominio del contrapunto y el ritmo, tal como demostró una interpretación enérgica y depurada en la que brilló el piano de Ligorio, consciente de la gramática eminentemente pianística del autor sevillano.

En ninguno otro como el Trío fantasía Círculo se observa el carácter cíclico de la obra de Turina, una pieza de considerable carga expresiva que disfrutó de una depurada interpretación, siempre atenta a subrayar la finura y la elegancia de su escritura, y haciendo de su latente andalucismo una seña de identidad. Igual que en los tríos 1 y 2, con especial énfasis en el carácter agitanado del segundo, parejo a la Oración del torero, donde el violonchelo de Apellaniz dejó su impronta dando cuerpo a un conjunto en el que el color y la calidez primaron dentro de una estética plenamente romántica, salpicada de tintes impresionistas, tal como Turina aprendió en su inevitable periplo parisino, cuando tanta influencia ejerció sobre él la Schola Cantorum. En el Trío nº 1 las variaciones del segundo movimiento, en forma de danzas, brillaron en las voces de un trío en estado de gracia, con especial mención para el marcado melodismo de Gallego al violín. Milagro fue que tan espléndidos resultados se cocieran a tan altas temperaturas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 6 de septiembre de 2017

lunes, 4 de septiembre de 2017

LA NIEBLA Y LA DONCELLA Una intriga exótica pero desorientada

España 2017 104 min.
Guión y dirección Andrés M. Koppel, según la novela de Lorenzo Silva Fotografía Álvaro Gutiérrez Música Adrian Foulkes y Lucio Godoy Intérpretes Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Aura Garrido, Roberto Álamo, Marian Álvarez, Sanny van Heteren, Fernando Navas, Cristóbal Pinto, Santi López, Quique Medina, Alba Tonini, Paola Bontempi, Beneharo Hernández Estreno en el Festival de Málaga 19 marzo 2017; en salas comerciales 1 septiemre 2017

El salto a la dirección de largometrajes de Andrés M. Koppel, después de varios cortos y de escribir los guiones de Intacto o la reciente Zona hostil, se produce bajo el patrocinio de Gerardo Herrero, seguramente el productor más prolífico del cine español y el más convencido de que esto es una industria y hay que entretener al público con historias de intriga y acción que no entrañen mayores riesgos ni atrevimientos. Aún por descubrir la que alguna vez podamos considerar su obra maestra, aunque como director nos gustó Las razones de mis amigos, esta vez apoya la adaptación por el propio realizador de una novela de Lorenzo Silva, que ya disfrutó de los buenos resultados las de La flaqueza del bolchevique y El alquimista impaciente. Esta vez ambienta en un lugar exótico, la isla de La Gomera, y con personajes físicamente atractivos y moralmente ambiguos, al más puro estilo noir, una investigación criminal que combina sexo y corrupción, aunque en este segundo apartado se revela cauto, pasando sólo de puntillas por temas tan escabrosos como la corrupción en el seno de nuestras fuerzas armadas, mientras las intrigas sexuales se resuelven como siendo habitual en estos tiempos modernos, con extrema y ridícula mojigatería. Consigue sin embargo un producto elegante, entretenido y atractivo, por mucho que la a menudo insuficiente dicción de los intérpretes haga que el enredado guión resulte aún más ininteligible. Con todo lo peor es el carácter ambiguo, y seguramente desorientado, de sus presupuestos morales y éticos, mostrando unas protagonistas fuertes y con mucho carácter a las que sin embargo no duda en condenar por los mismos motivos que han alimentado durante siglos su castigo.

BARRY SEAL: EL TRAFICANTE Retrato trepidante de un chaquetero voraz

Título original: American Made
USA 2017 114 min.
Dirección Doug Liman Guión Gary Spinelli Fotografía César Charlone Música Christophe Beck Intérpretes Tom Cruise, Domhnall Gleeson, Sarah Wright, Jesse Plemons, Caleb Landry Jones, Lola Kirke, Jayma Mays, Alejandro Edda, Benito Martínez, E. Roger Mitchell, Mauricio Mejía Estreno en Estados Unidos 29 septiembre 2017; en España 1 septiembre 2017

Basada en la rocambolesca vida de Barry Seal, un personaje de recorrido tan increíble que jamás se le hubiera ocurrido a las mentes creativas más prodigiosas en esto del espionaje o la inteligencia política, como LeCarré, Graham Greene o incluso Ian Fleming, Tom Cruise necesitaba hace tiempo un film a la medida de su talento interpretativo, tras años demostrando los que tiene como hombre atlético y de acción, con títulos generalmente más dignos que la media en ese género pero siempre orientados a un público poco exigente. Lo raro es que haya tardado tanto en revivir esos momentos de gloria que le reportaron películas como Nacido el 4 de julio o Magnolia, habida cuenta de la capacidad que atesora para controlar su propia carrera y elegir los moldes y columnas que la han de vertebrar. Por eso no nos extraña que haya confiado en Doug Liman para esta nueva empresa y le haya quizás solicitado que asuma cierto estilo a lo Scorsese para construir esta original crónica sobre un personaje que en sí personifica el lado más perverso y atrevido del sueño americano. Liman ya lo había dirigido en Al filo del mañana, una eficaz cinta de ciencia ficción, y saltó a la fama dirigiendo la primera entrega de la saga Bourne, aunque la impronta del ciclo se la otorgó Paul Greengrass en los títulos posteriores, y es que no es Liman un director que se caracterice por tener un sello personal e identificable. El género de espías ya lo había abordado con desigual fortuna en Caza al espía y Sr. y Sra. Smith, pero es ahora cuando logra su mejor contribución, con una cinta que tiene en la interpretación de Cruise, el frenético pero medido montaje, su atractivo juego con las textura fotográficas y el ritmo trepidante que imprime a la historia, sus mejores bazas. Por su parte el guionista Gary Spinelli apenas había escrito una discreta película de acción con Dolph Lundgren como protagonista, lo que le hace merecer mayor reconocimiento por conseguir poner en pie la increíble historia de este piloto de la TWA reconvertido en agente de la CIA, colaborador necesario del cartel de Medellín e informador de la Casa Blanca en tiempos de Carter, Reagan y un Clinton aún gobernador, todo a la vez y revuelto. Claro que en el camino Spinelli y Liman malogran algunas de las posibilidades del empeño, dejando que cuestiones tan graves como el intervencionismo americano en Sudamérica entre finales de los setenta y mediados de los ochenta, se convierta en una mera peripecia objeto de sorna y con el entretenimiento como único fin. Una vez más América entona el mea culpa, algo muy de agradecer si no fuera por el escaso relieve y la poca trascendencia que estas denuncias tienen en el devenir de su historia y en el futuro más próximo. Con un tono de comedia solapada, Cruise se mueve como pez en el agua en esta vorágine de traiciones y desencuentros, tratando a su personaje con el suficiente cariño para que no resulte despreciable ni antipático, por mucho que las divertidas e ingentes cantidades de dinero que aparecen a lo largo de la película provoquen una sensación de esperpento generalizado. Brillante en su resolución formal y entretenida en todo su esqueleto y armazón, no deja sin embargo de ser una simplificación del estilo de Scorsese cuando habla de mafiosos y millonarios corruptos sin escrúpulos, aunque se agradece que en lugar de Di Caprio tengamos a Cruise, tan presto a reírse de sí mismo que en cierto momento aparece sin uno de sus flamantes dientes blancos.

miércoles, 30 de agosto de 2017

CUARTETO CARREÑO: VOLUNTAD DE DIVULGACIÓN

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Mariarosaria D’Aprile y Yolanda González, violines. José María Ferrer, viola. Israel Fausto Martínez, cello. Programa: Cuarteto de cuerda en Si menor, de Teresa Carreño; Cuarteto en Re, de Tomás Bretón. Martes 29 agosto 2017

Mariarosaria D'Aprile
Teresa Carreño fue una destacada pianista, cantante y compositora venezolana de finales del XIX y principios del XX, reivindicada en su país en el último cuarto del pasado siglo, siendo objeto de homenajes y tributos en forma incluso de cuartetos de jóvenes intérpretes impulsados por la Fundación Simón Bolívar, el Libertador de quien fue pariente indirecta. Su trabajo lo desarrolló sin embargo mayoritariamente en Nueva York, donde su familia tuvo que emigrar por motivos políticos y económicos, una constante en este país sudamericano tan sufrido como maltratado. Siempre atenta a nuevas experiencias y muy sensible a la hora de hacer llegar al público músicas y estéticas poco divulgadas, especialmente de mujeres, tan proclives al olvido y el desprecio, Mariarosaria D’Aprile se ha asociado a tres competentes intérpretes de la escena sevillana para rendir homenaje a la compositora de Caracas, tomando para su nombre el de la homenajeada.

Los resultados fueron sin embargo regulares en términos generales. De su amplio catálogo, formado principalmente por piezas para piano, algunas tan delicadas y queridas para el público de su país como el vals Mi Teresita, se eligió naturalmente su Cuarteto en Si menor, una pieza de hondas hechuras, trabajadas texturas y trascendentes intenciones. Tras un excelente arranque dominado por el violín doliente de D’Aprile, y secundado por los arpegios de Yolanda González, añadiendo turbulencia al atormentado allegro inicial, los movimientos centrales deambularon por una línea más convencional y hasta descuidada. Cierta descoordinación en el andante, empeorado por un José Mª Ferrer desentonado a la viola, y falta de brío y color en el scherzo, enturbiaron una interpretación en la que la primera violinista acusó un sonido más áspero de lo habitual. Ni siquiera el violonchelo de Israel Martínez sonó con el cuerpo y rotundidad acostumbrados. Tampoco ayudó la colocación de los músicos, muy abigarrados y con segundo violín y viola sepultados tras atriles y micrófonos, lo que empañó su proyección así como la observación de su gestualidad, a veces tan importante para calibrar su expresividad.

Yolanda González
El programa lo completó otro compositor poco frecuentado, Tomás Bretón, más conocido por ser el autor de La verbena de la paloma. Impulsor de una ópera española que no llegó a cuajar, a pesar de esfuerzos considerables materializados en obras como Los amantes de Teruel o La Dolores, Bretón compuso también mucha música sinfónica y coral, y cultivó también la de cámara, con piezas tan estimulantes como el Cuarteto en Re interpretado para la ocasión. De nuevo una estética asfixiante en el allegro, que se tornó en melancolía en el andante y adquirió un colorido local sin estridencias en el scherzo, para terminar en un allegro risoluto defendido con mayores logros en cuanto a coordinación, diálogo y expresividad. Merece el esfuerzo acercarse a trabajos tan interesantes y poco divulgados como éstos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 28 de agosto de 2017

ANA, MON AMOUR Pedazos de una pareja

Rumanía-Alemania-Francia 2017 127 min.
Dirección Calin Peter Netzer Guión Cezar Paul Badescu, Calin Peter Netzer e Iulia Lumanare, según la novela “Luminita, mon amour” del primero Fotografía Andrei Butica Intérpretes Diana Cavallioti, Mircea Postelnicu, Carmen Tanase, Vasile Muraru, Adrian Titieni, Tania Popa, Igor Caras-Romanov, Ionut Caras, Ioana Flora, Vlad Ivanov, Iulia Lumanare, Razvan Vasilescu Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2017; en Rumanía 3 marzo 2017; en España 25 agosto 2017

En los últimos tiempos raro es el año que no se estrena al menos dos importantes películas rumanas en nuestra cartelera; éste ha sido el de Los exámenes y ahora esta desgarradora cinta. Calin Peter Netzer pertenece ya por derecho propio a esa generación de realizadores rumanos que han creado una nueva cinematografía con señas de identidad muy características, que encabezan Christian Mungiu (director precisamente de Los exámenes) y Cristi Puiu. Quizás el hecho de haber ganado hace cuatro años el Oso de Oro en Berlín con la espléndida Madre e hijo, haya jugado a la contra para hacerse de nuevo con ese galardón en la pasada edición del festival con esta excelente película con méritos de sobra para lograr esa hazaña. Se tuvo que contentar con un Oso de Plata a la mejor contribución artística para el montaje de Dana Bunescu, y es que la estructura del film juega un papel muy importante en su eficacia narrativa y el análisis y disección que de una relación sentimental muy particular representa. En este sentido la película se asemeja bastante al clásico de Stanley Donen Dos en la carretera, que protagonizaron Audrey Hepburn y Albert Finney en 1966. Las idas y venidas en el tiempo de una pareja desde que se conoce hasta que la rutina los separa irremediablemente, sin orden cronológico, sería el trasunto también de un film en el que los peinados juegan un papel muy importante, no sólo para marcar época y edad, sino identificar estados de ánimo y seguridad personal. La diferencia entre una y otra película, además de estilo e intención, es que el detonante de la crisis no es sólo el paulatino aburguesamiento sino la pérdida de la dependencia que representaba el eje de un equilibrio desigual e injusto. Mircea Postelnicu interpreta magistralmente a un joven idealista y seductor de abundante y despeinada melena que encuentra en la desequilibrada y traumatizada Ana, espléndida Diana Cavallioti, un motivo para ejercer la misma sobreprotección que la madre ejercía sobre el hijo en el anterior y premiado título del joven realizador. La injerencia de las familias, del pasado, de la Iglesia (estupenda la secuencia de la confesión), la medicina (la guionista del film se reserva el papel de ginecóloga) y la psicología (Adrian Titieni, el padre de Los exámenes, escucha los episodios, recuerdos y sueños del protagonista, ya calvo, despechado y desconsolado), van mermando cada vez más una relación caduca, marchita casi desde ese inicio apasionado (explícito) como cualquier relación que se empieza con toda la certeza e ilusión del mundo. Pero como casi todo lo que llega de estos países, tendemos a hacer una segunda lectura, política, de la narración, que en este caso podría referirse a un país que no ha curado sus heridas, aún traumatizado por su pasado, al que asirse en puro afán de reconstrucción y protección, pero que decepciona y se deja llevar a la deriva, arrastrando todo lo que encuentra en su camino. ¿Crisis de pareja o crisis política? De cualquier forma la tesis expuesta, la desesperanza del amor, el invento de la pareja, el inevitable fracaso de la vida en común, responde como tantas veces a los caprichos del guión, en este caso de la novela en que se basa. Porque la historia hubiera sido diferente si los sacrificios asumidos no hubieran dado lugar a reproches en el futuro, si la sinceridad, la confianza y el compromiso hubiesen marcado la relación, y si el verdadero amor se hubiera impuesto sobre los egoísmos personales. Da que pensar.

domingo, 27 de agosto de 2017

VERÓNICA Poltergeist castizo

España 2017 105 min.
Dirección Paco Plaza Guión Paco Plaza y Fernando Navarro Fotografía Pablo Rosso Música Chucky Namanera Intérpretes Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonia Almarcha, Maru Valdivieso, Leticia Dolera, Ángela Fabián, Carla Campra, Samuel Romero Estreno 25 agosto 2017

Mucho ha tardado en saltar a las pantallas el único caso policial documentado en nuestro país de fenómenos paranormales o poltergeist, ocurrido en Vallecas a finales de 1992. Después de una carrera centrada fundamentalmente, tanto en cine como en televisión, en el género de terror, y tras una brillante incursión en el cine de zombies con la saga Rec junto a Jaume Balagueró, Paco Plaza dirige este film con pleno dominio del género y sus coordenadas, lo que no siempre resulta una ventaja, volviéndose en contra de sus propias intenciones y limitando el producto final. Hace bien en fijar su atención en los personajes, diseñando un complejo perfil de mujer adolescente en el difícil camino hacia la madurez, obligada a asumir unas responsabilidades impropias de su edad, a la vez que observa un retraso alarmante en su desarrollo físico y sexual. Ella es la protagonista junto a un niño y dos niñas en estado de gracia, portentos de naturalidad y a quienes los guionistas han dedicado unas líneas de diálogo en perfecta conjunción con sus infantiles capacidades. El resto son más arquetípicos, con una madre estresada e incapaz de ejercer como tal, a quien Ana Torrent da vida sin que su pasado de niña actriz en films antológicos como El espíritu de la colmena o Cría cuervos añada nada a la función, por mucho que algunos se empeñen en relacionarlo. El elenco de monjas, profesoras del colegio donde la niña recibe una educación basada en creencias y supersticiones, cumplen adecuadamente, mientras la más vieja y ciega añade ese componente misterioso, cuya sabiduría advierte de los peores augurios, pero que se presenta algo pasada de rosca, con acento andaluz forzado para añadir folclore al asunto. Plaza echa mano así de ese imaginario típico del género, del que parece no querer renunciar pese a logros evidentes de ambientación y localización, incluido ese amenazante edificio de humilde perfil, hábilmente fotografiado. Pero el problema principal de la cinta es que se ve en la distancia, sin que esa soledad atisbada en la niña protagonista llegue realmente a conmover, ni las terribles experiencias a las que queda expuesta logren inquietar lo suficiente. Las sombras como recurso amenazante, y el espiritismo en fascículos tan propios de la época, se encuentran entre los detalles más conseguidos. Realizada sin duda alguna con elegancia y algo de contención en su primer tramo, el batiburrillo de efectos y sonidos a los que inevitablemente deriva, con homenajes explícitos a Ibáñez Serrador en la televisión y al giallo italiano en la música, no aportan gran cosa a una oferta que se quiere basada en hechos reales, pero de los cuales apenas quedan documentados unos cuantos, siendo el resto producto de la cinefilia más recurrente, una especie de Poltergeist ambientado en Vallecas y no en uno de esos barrios periféricos de cómodas casas americanas, o mansiones góticas tan propias del género.

sábado, 26 de agosto de 2017

ALBERTO DOMÍNGUEZ Y ELCURAROJO, TÉCNICA E IMAGINACIÓN

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Leo Rossi, violín. Guillermo Martín, violoncello. Patricia González, clave. Alberto Domínguez, flautas y oboe. Programa: Selección de sonatas para flauta de pico, oboe, violín y bajo continuo, de Telemann. Viernes 25 agosto 2017

Parece mentira que no hubiésemos conocido todavía a Alberto Domínguez, un joven y ambicioso flautista y oboísta de San Fernando, y disfrutar de su impecable técnica y generosa imaginación, muy especialmente a las flautas de pico, de las que se revela un auténtico especialista. Avalado por sus años de estudio y aprendizaje con maestros bien conocidos del panorama musical local, como Vicente Parrilla o Guillermo Peñalver, e internacional, con gente de la talla de Marc Häntai o Andrew Ackerman, Domínguez ha acuñado un estilo depurado y personal que le ha permitido siendo tan joven liderar una formación de considerable categoría como la que forman los integrantes de Elcurarojo, en clara alusión a Il prete rosso, apodo de Vivaldi.

Pero no era el artista veneciano el que figuró en los atriles sino Telemann, dentro del homenaje que las Noches del Alcázar le está brindando en el doscientos cincuenta aniversario de su deceso. De su ingente e inabarcable catálogo se eligió una serie de sonatas concebidas para combinación de bajo continuo (clave y violonchelo), flauta u oboe y éstos con violín. Domínguez sorprendió con un dominio absoluto de la flauta de pico, con complicadas agilidades y una holgada sensibilidad, más que en el oboe, del que sin ser un intérprete desdeñable acusó sensiblemente más inseguridad y menos afinación al cambiar registros y ofrecer un sonido homogéneo y equilibrado. Como flautista demostró sin embargo ser un fuera de serie, atento y sobrado en el dominio de dinámicas, fraseo refinado, control absoluto de la respiración, y emisión natural y precisa. Particularmente hermosa resultó la Sonata TWV 41:G1, con ese sonido de timbre hermoso y calculado que extrajo de la flauta soprano.

Inútil analizar pieza a pieza las obras interpretadas, aunque cabe reseñar la enorme variedad de estéticas, colores y matices que abordó este sensacional compositor, tan popular en su época como olvidado después, y hoy afortunadamente objeto de una sana recuperación, todos los cuales fueron convenientemente desgranados por los integrantes del joven conjunto. Espléndido como siempre Rossi al violín, relajado y seguro aunque su papel quedara algo eclipsado por la rotunda dominación de Domínguez. Nada malo podemos decir de quien tan bien nos trata desde su posición de gestora y encargada de producción de la Barroca, Patricia González; bromas aparte, afortunadamente no traicionamos nuestra sinceridad si destacamos su enorme capacidad para envolver con aplomo, estilo y precisión el alarde de imaginación y expresividad desplegado por Rossi y Domínguez. Cabría haber esperado de Martín un sonido más empastado y mayor cuerpo en su acompañamiento al violonchelo, aunque en términos generales no empañó en absoluto la calidad del conjunto, logrando que un programa tan homogéneo sonara tan variado, con especial mención al delicado affetuoso del Trio sonata 42:a4 y el enérgico, alegre y vivaz presto del 42:d10.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 25 de agosto de 2017

ISABEL JIMÉNEZ MONTES, TOMMASO COGATO Y PROFETAS EN SU TIERRA

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Isabel Jiménez Montes, violín. Tommaso Cogato, piano. Programa: Sonatina Op. 100, de Dvorák; “De mi patria”, de Smetana; Sonata nº 3 Op. 45, de Grieg. Jueves 24 agosto 2017

Que el pianista italiano Tommaso Cogato se ha convertido en los últimos años en un agente imprescindible del panorama musical sevillano es un hecho consumado, y lo demuestran conciertos como el del jueves noche, un proyecto que apuesta por dar a conocer en su tierra a intérpretes que triunfan fuera. Como tantas otras, Isabel Jiménez forma parte de una generación de excelentes músicos que han sabido aprovechar al máximo las posibilidades que le han brindado los integrantes de las estupendas formaciones musicales activas de nuestra ciudad, así como el torrente que ha supuesto desde hace más de una década el desembarco de la artillería de Barenboim y su ilustre séquito. Ya la descubrimos la pasada temporada defendiendo un estupendo Concierto de Mendelssohn junto a Michael Thomas y la Bética de Cámara, y la pasada noche en el Alcázar pudimos corroborar su sobrado talento, que le ha llevado a ser incluso concertino de una de esas disciplinadas y exigentes orquestas alemanas.

En el programa tres páginas dedicadas a celebrar la tierra amada, el lugar que vio nacer a sus compositores, dos bohemios y un escandinavo. Dvorák compuso su Sonatina Op. 100 en Nueva York, siendo la última de sus partituras acabadas en Estados Unidos. Su aparente simpleza y su inspiración fresca y espontánea encontró fieles traductores en los esmerados intérpretes, si bien a la joven violinista le faltó mostrar con mayor énfasis el característico estilo de las melodías bohemias que el autor combinó con las de inspiración india, de cuyo Larghetto se ofreció una versión cargada de sentimiento y emotividad. Justamente reconocido como padre de la música nacionalista checa, Smetana compuso Z domoviny (De mi tierra natal) cuando ya hacía años que había perdido el oído, a pesar de lo cual se trata de dos piezas de carácter amable y relajado, con las que Jiménez Montes volvió a brillar más con sus pasajes románticos y líricos que con sus colores locales, que se quedaron cortos en expresividad aunque no en técnica y agilidad.

Ejecutado de un tirón, el programa se nos antojó extenuante para cualquier intérprete, mereciendo toda nuestra admiración especialmente para la violinista, que en la Sonata nº 3 Op. 45 que Grieg compuso, como las otras dos para esta combinación de instrumentos, en el último tramo de su vida, exprimió muy satisfactoriamente su carácter trágico e intensidad dramática. Con amplio protagonismo para los dos instrumentos, Cogato aprovechó para extraer también su particular carga nostálgica, brillando ambos en un allegro inicial sombrío y conflictivo, acentuando el carácter melódico del allegretto central, y la energía y ritmo del allegro final. Páginas que los autores dedicaron a su tierra e Isabel Jiménez ofreció a la suya, de la mano del muy generoso y carismático pianista.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 24 de agosto de 2017

LOS AFECTOS EUROPEOS DE LA HISPANIOLA

18ª edición Noches en los Jardines del Alcázar. Mercedes Ruiz, violonchelo. Ventura Rico, viola da gamba. Juan Carlos de Mulder, tiorba y guitarra barroca. Programa: Fantasia a due bassi (obras de Gabrielli, de Fesch, Weiss, Telemann, Vivaldi y Boismortier). Miércoles 23 agosto 2017

El problema de haber ido perdiendo paulatinamente la presencia de intérpretes nuevos y foráneos, ha provocado que insistamos una y otra vez en analizar a unos mismos músicos, de los que quizás no quede mucho que decir o puede que exijamos cada vez una mayor calidad e implicación y nos volvamos de esa manera algo injustos y desproporcionados. Lo cierto es que cantar las bondades y excelencias de gente como las que nos acompañaron el miércoles en las noches del Alcázar se ha convertido en una constante, de vez en cuando salpicada de excepciones como la que nos pareció vivir en esta ocasión. Y es que sobre el programa la selección se presentaba muy interesante.

Se trataba de un generoso panorama sobre la música que se hacía en el último Barroco, Rococó en su mayoría, abarcando un amplio espectro de países europeos a la vanguardia de las tendencias de la época. Música enmarcada en lo que se conoce como afectos, por su carácter amable a la vez que sofisticado y la considerable expresividad y sensibilidad que exige de los y las intérpretes, algo alejados del virtuosismo alambicado dominante en estéticas anteriores. Especializados cada uno en un instrumento diferente – el violonchelo en el italiano Gabrielli, el violín en el holandés Willem de Fesch, el laúd en Leopold Weiss o la viola da gamba en Marin Maraís, sustituido en última instancia por el alemán Telemann, especialista en cualquier instrumento de la época – la formación La Hipaniola, cuyo nombre parece querer anunciar la recuperación del mestizaje barroco posterior a la colonización de América, pero cuyos integrantes, de la Barroca de Sevilla, aprovechan para tocar piezas camerísticas de su repertorio, se las apañó para ofrecer las obras seleccionadas de una forma tan equilibrada como homogénea, con peligro manifiesto de monotonía y paulatino desinterés.

Así, tras una Sonata para violonchelo de Gabrielli ofrecida con inseguridad y un sonido acaso demasiado rugoso y desequilibrado, posiblemente por efecto de la necesaria amplificación, Mercedes Ruiz, cuyo instrumento fue prácticamente el dominante en todo momento, brilló más en la Sonata nº 3 de Willem de Fesch, que aunque concebida para dos violonchelos, acometió casi en solitario con acompañamiento continuo del violagambista Ventura Rico y el laudista Carlos de Mulder, quien en su solo de Leopold Weiss, un precioso Preludio y Chacona, acusó deficiencias técnicas y pérdidas de ritmo en su complejos punteados a la tiorba. Hubiésemos preferido disfrutar de Rico en la imprescindible Suite con gusto extranjero de Marin Marais que en la más impersonal sonata que ofreció de Telemann, eso sí con refinamiento y precisión. El estilo galante vino de la mano de Bodin de Boismortier y sus Pequeñas danzas, con las que el conjunto volvió a desplegar eficiencia técnica y eventuales brotes de expresividad, pero sin salvar esa sensación de monotonía que denunciábamos más arriba y que destiñó una velada que prometía más matices y distinciones estéticas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LA SEDUCCIÓN Cincuenta años de retraso

Título original: The Beguiled
USA 2017 91 min.
Guión y dirección Sofia Coppola, según la novela de Thomas Cullinan y el guión de Albert Maltz e Irene Kamp Fotografía Philippe Le Sourd Música Phoenix, según el Magnificat de Monteverdi Intérpretes Colin Farrell, Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning, Oona Laurence, Angourice Rice, Addison Riecke, Emma Howard Estreno en el Festival de Cannes 24 mayo 2017; en Estados Unidos 30 junio 2017; en España 18 agosto 2017

Al contrario que Sofia Coppola, bendecida en los Oscar y en Cannes desde su debut con Las vírgenes suicidas, la exitosa Lost in Translation y su particular revisión de la figura de Maria Antonieta - Nowhere y The Bling Ring gozaron de menor reconocimiento -, Don Siegel nunca gozó en su momento de tanta admiración (hoy se le considera más, como suele ocurrir), y no pasó de un realizador artesano que logró sus mayores éxitos dirigiendo a Clint Eastwood (La jungla humana, Harry el sucio o Fuga de Alcatraz, entre otras). Sin embargo el acercamiento de Coppola a la novela de Thomas Cullinan dista mucho de la que llevó a cabo Siegel hace cuarenta y cinco años, mucho más inquietante y turbadora, y desde luego considerablemente más atrevida. Igual que los años treinta del pasado siglo se caracterizaron por su picaresca frente a los muy pacatos cincuenta, el final de los sesenta y primeros setenta observan una mayor libertad sexual que esta segunda década del siglo XXI marcada por un aumento del recato y la mojigatería en la sociedad global. Si ya la película protagonizada por Eastwood y una espléndida Geraldine Page en 1971 nos parecía que no llegaba a aprovechar todo el material erótico de su base literaria, y sin embargo se nos antojaba una cinta muy atrevida y avanzada, que la censura española suavizó de esa forma siempre ridícula que le caracterizaba, lo que ha hecho la hija de Francis no tiene nombre. Ahondando en ese estilo relamido y esteticista que le acompaña, la directora muestra a un grupo de mujeres y jóvenes cursis y refinadas que visten lujosas galas en plena Guerra Civil Americana y se esfuerzan por parecer tan lánguidas como angelicales, sin que falten las niñas repelentes de costumbre. A ellas se ha de enfrentar un arrogante soldado yanqui que se presenta como presunto seductor y maltratador en potencia, aunque la también guionista se encarga de recortar tanto material dramático e información sobre los personajes que motivaciones e intenciones quedan diluidas, sucediéndose los acontecimientos de manera tan convencional como poco convincente. El buen gusto queda reflejado en soluciones como la iluminación, pero en nada contribuyen a potenciar la carga enfermiza, erótica y claustrofóbica tan presente en el material original. Y desde luego si la intención de Coppola era denunciar el machismo y enaltecer a sus heroínas, el tiro le ha salido por la culata, con estas mujeres engañadas (el título original de la novela y ambas versiones cinematográficas), sumisas y dispuestas a dejarse seducir y actuar siempre con esa dignidad sudista que tanto las mermaba como seres fuertes e independientes, lo que sí son las protagonistas de la cinta de Siegel, además de decididas.

lunes, 21 de agosto de 2017

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS Imaginación y fantasía como recursos

Título original: Valerian and the City of the Thousand Planets
Francia-China-Bélgica, Emiratos Árabes-USA-Alemania-Reino Unido-Canadá 2017 137 min.
Guión y dirección Luc Besson, según el cómic de Pierre Christin y Jean-Claude Méziéres Fotografía Thierry Arbogast Música Alexandre Desplat Intérpretes Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Rihanna, Ethan Wawke, Herbie Hancock, John Goodman, Rutger Hauer, Kris Wu, Sam Spruell, Alain Chyabat, Louis Leterrier, Eric Rochant, Benoît Jacquot, Emilie Livingston, Aurelian Gaya Estreno en Estados Unidos 21 julio 2017; en Francia 26 julio 2017; en España 18 agosto 2017

Aunque vilipendiada tras su estreno en Estados Unidos, a algunos la nueva propuesta de Luc Besson nos parece la película más refrescante y entretenida del verano en lo que a cine de aventura y gran presupuesto se refiere. Entroncando directamente con el universo colorista y la estética futurista y glamurosa de El quinto elemento, Besson ha tomado nota de sus escarceos con el cine de animación (Los minimoys) y sus nada disimulados referentes (Blade Runner, Star Wars, Star Trek y Avatar en cabeza), para lograr una cinta desenfadada, llena de humor y alegría, tan alejada del actual cine de ciencia ficción más proclive a la tragedia y la supuesta profundidad psicológica que a la fantasía que durante décadas caracterizaron el género. Una sucesión de situaciones escenificadas con lujo y esmero y atención al detalle, que sirven a sus protagonistas para trazar una historia de amor, quizás lo más endeble de la cinta, y diseñar espacios poblados por seres de toda condición. Todo un alarde de imaginación al servicio de la fantasía, con un argumento fácil de seguir y digerir, unos protagonistas amables (por una vez Dane DeHaan resulta simpático, mientras Cara Delenvigne se mueve como una top model y Rihanna protagoniza una sensacional secuencia musical que mezcla cabaret con el más sofisticado videoclip). El conjunto resulta por lo tanto estimulante, atractivo, entretenido y, lo que es mejor, nada pretencioso, algo muy de agradecer. Una buena propuesta europea, basada en material gráfico y literario francés, que recupera el espíritu de la antigua aventura haciendo caso omiso a la actual derica americana hacia la violencia extrema y la soporífera mortificación.

ATÓMICA Espía triste y desbocada

Título original: Atomic Blonde
USA-Alemania-Suecia 2017 115 min.
Dirección David Leitch Guión Kurt Johnstad, según la novela gráfica de Antony Johnston Fotografía Jonathan Sela Música Tyler Bates Intérpretes Charlize Theron, James McAvoy, Eddie Marsan, John Goodman, Toby Jones, James Faulkner, Roland Moller, Sofia Boutella, Bill Skarsgard, Sam Hargrave, Til Schweiger, Barbara Sukowa Estreno en Estados Unidos 28 julio 2017; en España 4 agosto 2017

David Leitch repite el esquema y la intención que le dio cierto prestigio hace unos años con la película John Wick, adaptándolo a una mujer y una época determinada de la historia reciente, la caída del muro de Berlín. Pero ni se toma en serio el papel de la mujer como heroína de acción ni el fascinante hecho histórico que le sirve de escenario en sus días previos. De hecho Charlize Theron es tan Keanu Reeves que imita gesto fruncido y se acuesta con mujeres, una Sofia Boutella recién salida de la infame La momia y cuyo papel aquí el guión no acierta a sacar partido alguno. Con el pretexto de mantener una sesuda y a menudo imposible de seguir trama de espionaje, la protagonista se limita a repartir golpes y patadas a diestro y siniestro, ante un espectador que acaba hastiado y aburrido, incluso dormido. El cine de espías es una cosa, y esto otra. No hay color. Cierto que el aspecto estético está muy cuidado, y que muchos y muchas celebrarán el repertorio de canciones de la época que ilustran la exagerada acción mostrada en pantalla, pero aparte esto, y que Theron sale guapísima, poco o nada exhibe esta cansina sucesión de persecuciones y luchas al más puro estilo hiperviolento que tanto daño está haciendo a nuestras pantallas y nuestra desnortada juventud.