viernes, 28 de abril de 2017

CARGA TRÁGICA DE RÁTH vs. FRAGILIDAD DE VANHUYSE

10º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirk Vanhyuse, violonchelo. György G. Ráth, director. Programa: Obertura trágica Op. 81, de Brahms; Concierto para violonchelo Op. 129, de Schumann. Sinfonía nº 1 Op. 9, de Dohnányi. Teatro de la Maestranza, jueves 27 de abril de 2017

No nos esperábamos, tras las últimas comparecencias del director húngaro György Ráth frente a la Sinfónica, que la suya llegara a ser una batuta tan apasionada y trágica, por mucho que el programa lo demandara. Quien figurase hace un par de años como uno de los más firmes candidatos a convertirse en director musical de la orquesta, y aquél con el que su plantilla parecía guardar una mayor afinidad, nos tenía acostumbrados a interpretaciones demasiado sutiles, a veces incluso algo lánguidas, que poco tenían que ver con su apasionado Bartók de tantos años atrás.

A esta explosión de temperamento regresó felizmente en un concierto en el que se programó la larga primera sinfonía de su compatriota Erno Dohnányi. Una obra muy bien construida, sólida y exuberante, que alterna movimientos desatados con otros de mayor calado espiritual y lírico, y que ofrece impagables oportunidades de lucimiento para una amplia gama de instrumentos solistas. Con una enérgica y sobrecargada respuesta trágica atacaron los y las integrantes de la ROSS esta página más convencional que otra cosa, pero de agradecida escucha. Impecables en los atriles, supieron también adaptarse al sentimental adagio que protagonizó una excelente Sarah Bishop, mientras el violín solista extrajo oro del breve y encantador intermezzo. El resto mantuvo la estética apasionada del allegro inicial, con extraordinarias prestaciones de los metales, abundantes durante toda la partitura. Antes, como introducción del concierto, Ráth logró también una interpretación henchida de sentimiento trágico de la Obertura del mismo nombre que compuso Brahms en contraposición a la más célebre Académica. La verdad es que resultó difícil identificar en ambas piezas, furiosas y fogosas, al director que hace unos años nos ofreció un Chaikovski o un Mendelssohn de insuficiente esencia emocional y escasa musculatura.

Con el Concierto de Schumann tuvo que plegarse, y mucho, al sonido frágil y no siempre bien articulado del violonchelista de la orquesta Dirk Vanhuyse, que sin duda cuenta con talento suficiente, como atestiguan sus méritos y reconocimientos, aunque algunos no seamos capaces de advertirlo, observando en él un sonido canijo, a veces desvaído, que fue incapaz de expresar esa dualidad entre temperamento trágico (Florestan) e intimismo reflexivo (Eusebius) muy característica en la obra de Schumann y tan perceptible en ésta en particular. Su interpretación estuvo más cerca del segundo, sobre todo en unas cadencias de cosecha propia muy matizadas, como lo fue también el lamento elegido como propina, una pieza de Nikolai Miaskovsky en la que destacó su capacidad para apianar hasta el infinito. Pero sin alcanzar esa profundidad que exige este emblemático concierto, ni la musculatura que debe ofrecer el instrumento en algunos de sus pasajes, sobre todo un final de virtuosismo deslumbrante. La batuta estuvo tan atenta a no sofocar el débil sonido del violonchelo que la versión acabó siendo poco menos que raquítica.

jueves, 27 de abril de 2017

LA CAÍDA DE LA CASA USHER Un reto musical lastrado por una mala dramaturgia

The Fall of the House of Usher Ópera de Philip Glass con libreto de Arthur Yorinks según un relato de Edgar Allan Poe. Juan García Rodríguez, director musical. Thierry Bruehl, dirección escénica e iluminación. Francisco Soriano, maestro repetidor. Ana Torres, diseñadora. Con Sachika Ito, Alain Damas, David Lagares, Javier Cuevas, Francisco Gracia y Zahir Ensemble. Teatro Central, miércoles 26 de abril de 2017

Edgar Allan Poe y Philip Glass comparten Baltimore. Allí murió uno y nació el otro, quien confiesa haber crecido fascinado por los cuentos fantásticos y de terror del escritor de Boston. Fruto de esa admiración fue esta ópera de cámara, compuesta en 1987 por encargo del Teatro de Repertorio Americano de Cambridge y la Ópera de Kentucky, y estrenada en la famosa Universidad de Massassuchets el 18 de mayo de 1988. Un prólogo y dos actos que apenas alcanzan la hora y media de duración (a Zahir Ensemble no le llegó ni a la hora y veinte) y que aún siendo el título lírico más representado del autor de Music in Twelve Parts, apenas lo ha hecho en siete ocasiones desde 2005 a 2010. Posterior a sus mejores títulos operísticos, Einstein on the Beach (1976), Satyagraha (1980) y Akhnaten (1983), no alcanza tampoco la inspiración y la calidad de éstas, a pesar de lo cual mantiene sus puntos de interés. El hecho de que Juan García al frente de Zahir Ensemble se haya atrevido a ponerla en escena, lo que constituye el estreno en España de esta ópera, demuestra el grado de inquietud al que nos tiene habitualmente acostumbrados. Su firmeza y apasionamiento al frente de conjuntos como éste con el que ha traído a Sevilla piezas emblemáticas de la música contemporánea que se hace en el Mundo, o la Sinfónica Conjunta, con la que realiza un trabajo infatigablemente académico con jóvenes intérpretes a los que además somete a programas exquisitos en los que tienen cabida los clásicos y los contemporáneos, se corrobora con iniciativas como ésta; todo un reto bendecido en lo musical, con un ejemplar rendimiento de instrumentistas y voces, pero no tanto en lo dramático, en parte por los propios inconvenientes de la partitura, en parte por un concepto demasiado abstracto de la puesta en escena.

Este considerable esfuerzo levantado en gran medida gracias al talento local, choca con una partitura algo endeble, abandonada esa primera parte eminentemente minimalista de la carrera del compositor americano y asentado ya en un sonido característico pero oportunistamente repetitivo que hace que tantas partituras suyas se parezcan entre sí, aunque su escucha devenga frecuentemente en agradable. No hay grandes hallazgos en esta pieza, salvo ofrecer a la soprano la posibilidad de lucirse en vocalizaciones que exigen firmeza y flexibilidad, lo que traducido en las capacidades de Sachika Ito, que ya ha hecho en la ciudad que la ha acogido sus pinitos en música contemporánea, resultó un éxito, debido también a la dulzura de su bien proyectada voz. Tanto como la del barítono onubense David Lagares, que sorprendió por su perfecta dicción en inglés y su expresiva capacidad para conmover con una voz potente y segura. Algo más impreciso, pero en líneas generales satisfactorio, resultó el tenor venezolano Alain Damas, que hace apenas unos días ofreció un recital en el Espacio Turina. Pero la relación enfermiza e intrigante entre sus personajes quedó lastrada por una dramaturgia turbia y una puesta en escena en la que apenas brilló la iluminación, con la que se trazaron los caminos por los que transitaban incansablemente los personajes, incluidas las breves pero bien entonadas participaciones del bajo Javier Cuevas y el prometedor tenor cordobés Francisco Gracia. Un manzano que caía y subía, una cama y unas sillas completaron un atrezzo que maquilló de pulcro minimalismo lo que quizás sólo fueran limitaciones de producción.

Lo cierto es que el escaso tirón de la propuesta escénica hizo que estuviéramos más atentos a la orquesta, emplazada a la izquierda del escenario, que a la escena, justo a la derecha. Las limitaciones de un libreto que simplifica en exceso las posibilidades del relato original , y la escasa inspiración de la puesta en escena así lo quisieron. Completado con jóvenes integrantes de la Sinfónica Conjunta, Zahir Ensemble hizo un buen trabajo, generoso en plasticidad y riguroso en disciplina, a pesar de algunos desajustes en la trompa, evidenciando que aunque concebida para una docena de músicos, sus texturas piden más efectivos. Pero si algo permitió constatar esta producción de Zahir Ensemble es la imparable proyección del talento local, lo que le permitirá ofreciendo retos iguales o mayores que éste que sigan situando nuestra ciudad entre las que se encuentran a la cabeza de la oferta musical del país. El esfuerzo siempre merece la pena, sólo falta elegir mejores bases y emparentarlas con un trabajo dramático más efectivo y elocuente.

Fotos: Tomás Payés

miércoles, 26 de abril de 2017

STEFAN ZWEIG: ADIÓS A EUROPA El dolor del desarraigo y la desintegración

Título original: Stefan Zweig: Farewell to Europe
Austria 2017 106 min.
Dirección Maria Schrader Guión Maria Schrader y Jan Schonburg Fotografía Wolfgang Thaler Música Tobias Wagner Intérpretes Josef Hader, Anne Schwarz, Barbara Sukowa, Tòmas Lemarquis, Lenn Kudrjawizki, Cgarly Hübner, Nahuel Pérez Biscayart, Valerie Pachner, Harvey Friedman, Matthias Brandt, Ivan Shvedoff, Daniel Puente Encina Estreno en Alemania 2 junio 2016; en España 21 abril 2017

Quienes busquen en esta estremecedora crónica del desarraigo físico y cultural una biografía del genial autor de obras imperecederas como Jeremías o Momentos estelares de la humanidad y una ilustración sobre su obra, podrán sentirse decepcionados ante el trabajo ofrecido por la joven actriz y realizadora alemana Maria Schrader. La intención de esta cineasta, que en sus tres películas hasta el momento (La jirafa, Liebesleben y ahora ésta) ha mostrado una especial sensibilidad sobre el pueblo judío, es trazar una semblanza de respeto y admiración a un icono de la cultura del siglo XX y su injusto padecimiento como expatriado y desarraigado de su tierra, Austria, durante el advenimiento del nazismo, desde mitad de los treinta a principios de los cuarenta, cuando decidió poner fin a su vida en Persépolis, Brasil, donde vivió sus últimos años en compañía de su segunda y joven esposa, y concibió su último libro, La tierra del futuro, en clara referencia al país que tan bien le acogió y que a pesar del título no le generó la suficiente confianza como para esperar un mundo mejor después de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Llega el film además en un momento en el que la preocupación de Stefan Zweig por la posible desintegración de Europa y sus valores, vuelve a estar de actualidad, poniendo en grave peligro la estabilidad de un escenario en el que durante mucho tiempo se han evitado confrontaciones de especial gravedad para nuestro mundo civilizado. Meticulosamente estructurada en un puñado de planos secuencia que representan varias estaciones de su peregrinaje por tierras americanas, Argentina, Brasil y Estados Unidos, con una muy especial atención al detalle, Schrader consigue plasmar todo aquello que interesa a su tesis, como es la terrible sensación de melancolía que suscita estar lejos del hogar sin remedio ni esperanza para el regreso, reflejado en los tristísimos ojos de un Josef Hader que escucha la pésima interpretación que una banda local hace de El Danubio Azul, o mira a través de las ventanas de un automóvil la belleza verde del trópico añorando el adoquín y el cemento de las ciudades en las que conoció a Rilke, Reinhardt, Mann, Gorki, Toscanini, Rodin, Einstein, o Strauss, para quien escribió el libreto de la ópera La mujer silenciosa, prohibida por la Gestapo al poco de estrenarse por el empeño del compositor en mantener el nombre de Zweig en el cartel. Siempre aprendiendo de o influyendo en ellos, toda esa cultura, esa pasión por el conocimiento que le llevó a afirmar que la labor intelectual había significado el gozo más puro, y la libertad personal, el bien más preciado sobre la tierra; todo lo cual se transmite perfectamente en esta conmovedora cinta bañada por unas interpretaciones prodigiosas, la de un contenido y a pesar de ello muy expresivo Hader, o la siempre estimulante y certera caracterización de Barbara Sukowa como su primera esposa, Friderike, que protagoniza una de las secuencias más cálidas, en un piso de un gélido Nueva York con un ambiente familiar en el que se puede apreciar el valor de la amistad y la solidaridad en los tiempos más difíciles imaginables. Y la de Anne Schwarz como su segunda esposa, Charlotte, más bien una compañera de viaje incansable y abnegada, capaz de otorgarle su apoyo incondicional hasta el último y más doloroso extremo, aquel 22 de febrero de 1942 al que somos invitados a través de un prodigioso encuadre. El autor que inspiró películas como Cartas a una desconocida, María, reina de Escocia, Maria Antonieta (la de Norma Shearer) o El gran hotel Budapest, y dejó un legado de libros, biografías y artículos periodísticos indispensables para comprender el siglo pasado y sus antecedentes, recibe de manos de esta joven y entusiasta realizadora un tributo sincero y apasionado que no puede dejar indiferente a quienes se sientan comprometidos con la cultura y la historia. Indispensable verla en versión original y disfrutar de hasta cinco idiomas (alemán, portugués, castellano, inglés y francés), aunque su estreno en nuestra ciudad limite mucho esa posibilidad, proyectándose en unas salas que aunque se esfuerzan muchísimo por captar un público intelectual alternativo, aún les queda mucho para acaparar la atención de los circuitos oficiales de la versión original, que últimamente están perdiendo muchas ocasiones de estrenar trabajos como éste, que lograrían en sus instalaciones un mayor éxito del que cosechan en estas esforzadas salas del barrio de Nervión.

lunes, 24 de abril de 2017

LA PROFESORA Lobos con piel de cordero, ayer y siempre

Título original: Učitel’ka
Eslovaquia 2016 102 min.
Dirección Jan Hrebejk Guión Petr Jarchovský Fotografía Martin Ziaran Música Michal Novinski Intérpretes Zuzana Mauréry, Csongor Kassai, Zuzana Konecná, Tamara Fischer, Martin Havelka, Éva Bandor, Oliver Oswald, Peter Bebjak, Richard Labuda, Ina Gogálová, Monika Certezni, Peter Bartak Estreno en el Festival de Karlovy Vary 4 julio 2016; en Eslovaquia 21 julio 2016; en España 21 abril 2017

Sorprendente film que cuenta el abuso de poder al que una profesora de la antigua Checoslovaquia somete a su joven alumnado y sus progenitores, con el fin de extorsionarlos y valerse de sus favores para sobrevivir cómodamente a las limitaciones impuestas por el régimen comunista. Su posición dentro del partido le permite llevar a cabo sus planes, mientras se muestra de cara a todos como una amable y hasta cierto punto encantadora profesional, un lobo con piel de cordero. Utilizando la farsa y un toque de comedia, el guión se sirve de una particular estructura en la que vamos hacia atrás y delante, lo que obliga a forzar un poco los diálogos, sobre todo en su primer tercio, con el fin de no desvelar el misterio que convoca a profesores y padres de un centro educativo a una reunión de urgencia. El sistema es así sometido a análisis y disección para ofrecer una lectura convincente de lo hilos del poder y la corrupción, de forma tan eficaz que en última instancia salpica a todo tipo de regímenes y sistemas, incluso a los a menudo mal llamados democráticos, donde como bien sabemos está más de actualidad que nunca. La estructura, las interpretaciones, especialmente de una estupenda Zuzana Mauréry, galardonada en el Festival de Karlovy Vary, y hasta la música, también premiada, esta vez en Gijón, donde también logró el reconocimiento a la mejor dirección artística, sirven ajustadamente al efecto de provocar en el espectador una suerte de rabia y perplejidad, consiguiendo no dejar indiferente a nadie. Lo más provocativo y más grave en última instancia es comprobar cómo son los más débiles los más perjudicados, mientras los círculos de poder se alimentan recíprocamente, contribuyendo a un mecanismo que alarga sus tentáculos hasta los más jóvenes y vulnerables, poniendo en peligro el futuro de ellos y de toda la sociedad. Todo ello plasmado y filmado con tanta pericia como buen sentido, logrando un trabajo que se disfruta igual que se sufre, sin pestañear.

domingo, 23 de abril de 2017

LA ESTÉTICA DE MERCERO EN LA BARROCA DE SEVILLA

Temporada 2016/17 de la Orquesta Barroca de Sevilla. José Antonio López, barítono. Andoni Mercero, director-concertino. Programa: Obertura VI en Sol menor, de Erlebach; Cantata BWV 82 “Ich habe genug”, de Bach; Obertura de “Berenice”, selecciones de “Apollo e Dafne”, “Rodelinda”, “Rinaldo” y “Orlando”, y fragmentos de Concerti gorssi, de Haendel. Teatro de la Maestranza, sábado 22 de abril de 2017

Cualquier conjunto que se suba al escenario del Maestranza mejora considerablemente el brillo de su sonido, y la Barroca no es una excepción. A eso hay que añadir que con el violinista Andoni Mercero al frente, comprobamos la capacidad de la orquesta para adaptarse a otras estéticas distintas de las acostumbradas. Y eso se agradece, porque tras tantos años reseñando una y otra vez los mismos grupos, consecuencia afortunada de los muchos que han surgido aquí en los últimos años, descubrir nuevos matices y acentos resulta muy refrescante. La Barroca profundizó en esta ocasión en la sutileza de las páginas programadas, más allá del misticismo inherente a la cantata Ich habe genug que dio título al concierto. Habitualmente identificados con ataques enérgicos in forte, la de este sábado fue una orquesta más moderada, y aún más elegante, en perfecta armonía y comunión con los universos convocados sobre todo en la primera parte.

Aunque nunca salió de su Alemania natal, Philip Heinrich Erlebach cultivó en sus composiciones mayoritariamente los estilos francés e italiano, al menos así se constata de su producción que ha sobrevivido. La Obertura que abrió el concierto pertenece al primer grupo, apreciable en su forma de suite de danzas, de las que la OBS ofreció una versión relajada, matizada en cada detalle, de colores pastel que encontraron, después de la gravedad de sus dos primeros números y el carácter juguetón del tercero, su punto culminante en un duelo entre el flexible y emotivo violín de Mercero y la acariciante cuerda pulsada de Juan Carlos Mulder. En la segunda parte se programaron como preludios e interludios a las intervenciones del barítono, la obertura de Berenice y diversos movimientos de los Concerti grossi nº 4 y 5 de Haendel, naturalmente en un registro diferente, más ágil, enérgico y punzante, aunque manteniendo esa finura cautivadora que caracterizó la velada.

José Antonio López, al que ya tuvimos ocasión de escuchar en Pulcinella de Stravinsky junto a la Sinfónica en 2012, se acopló satisfactoriamente al carácter místico de una de las más populares cantatas de Bach, toda una declaración cristiana de entrega a un más allá donde reencontrarse con el Creador. Su evidente intención de conmover, aunque en estilo y con notable expresividad, no quedó de pleno satisfecha, aún triunfando en fraseo y modulación, a pesar de alguna respiración sobreexpuesta en puntuales entradas. Patrick Beaugiraud acompañó magistralmente al oboe. Con Haendel López hizo gala de teatral expresividad, evidenciando al apianar una voz áspera contrapuesta a la sedosidad y amplitud del resto de su exhibición, donde también brilló la fagotista Marta Calvo. Su imponente voz y presencia, generosa proyección y capacidad para modular quedó definitivamente expuesta en Sorge infausta de Orlando, antes de ofrecer como propina una insólita versión del célebre Ombra mai fu, concebido para contralto o contratenor.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 22 de abril de 2017

JOHN WICK: PACTO DE SANGRE No hay quien pueda con él

Título original: John Wick: Chapter Two
USA 2017 122 min.
Dirección Chad Stahelski Guión Derek Kolstad Fotografía Dan Lausten Música Tyler Bates y Joel J. Richard Intérpretes Keanu Reeves, Common, Ian McShane, Ruby Rose, Riccardo Scarmacio, Laurence Fishburne, Bridget Moynahan, Claudia Gerini, Peter Stormare, John Leguizamo, Lance Reddick, Franco Nero Estreno en Estados Unidos 10 febrero 2017; en España 21 abril 2017

Apadrinado por Keanu Reeves, para quien hizo de doble especialista en la saga Matrix y en Constantine, Chad Stahelski parece estar escribiendo su nombre entre la pléyade de directores especializados en cine de acción, con tan sólo las dos entregas de este trágico héroe posmoderno que se llama John Wick y está relanzando la cada vez más raquítica carrera del protagonista de Mi Idaho privado y El pequeño Buda. La primera entrega no llegó a estrenarse en nuestro país, donde se exhibió por primera vez directamente en la televisión. Por eso este segundo capítulo obvia en su título español tal carácter de secuela, a pesar de que su escueta trama debe mucho a su predecesora, que le sirve de prólogo. No obstante llega a nuestras pantallas con todos los honores, como la gran superproducción de turno, y es que ha inflado considerablemente sus postulados y recursos con respecto a la primera entrega. Asistimos a una sucesión fatigosa de luchas encarnizadas y oleajes de violencia perfectamente coreografiados, faltaría más, sin más aliciente que disfrutar de sus disparatadas propuestas, si se tiene estómago para eso. Un reparto multiestelar e internacional, y hermosas localizaciones en Nueva York y Roma, ayudan a la digestión del polvorín, que se apunta directamente a remozar el subgénero de hombres duros dispuestos a tomarse la justicia por su mano, con Bronson, Seagal, Stallone, Willis, Schwarzenegger y Van Damme a la cabeza (a Liam Neeson todavía le queda dignidad para implicarse en proyectos con más sustancia). Quizás Reeves esté así buscando su puesto de dorada jubilación en la saga Los mercenarios. El gesto ya lo tiene cogido, ceño fruncido y cara de tormento y eterno sufrimiento, mientras lo más original de la película es implicar en un submundo de control y poder a gente aparentemente corriente que vemos continuamente en la calle, incluidos mendigos y vendedores ambulantes. Se agradece también que se zambulla directamente y sin complejos en la irrealidad más apabullante, y que no pretenda filosofar sobre los actuales peligros y amenazas para la estabilidad mundial, económicas, bélicas y religiosas, así como que nos devuelva a Claudia Gerini, una vez la Sharon Stone italiana, convenientemente oscurecida para parecer más mafiosa. Pero si no es un o una entusiasta de este tipo de cine de tipos duros, mamporros a doquier y mucha descarga de adrenalina, ésta no es su película.

AMAR La pérdida de la inocencia

España 2017 105 min.
Guión y dirección Esteban Crespo Fotografía Ángel Amorós Música Adolfo Núñez Intérpretes María Pedraza, Pol Monen, Natalia Tena, Gustavo Salmerón, Nacho Fresneda, Antonio Valero, Greta Fernández, Sonia Almarcha Estreno en el Festival de Málaga 19 marzo 2017; en salas comerciales 21 abril 2017

El salto a la dirección de largometrajes del madrileño Esteban Crespo, después de ganar el Goya y ser nominado al Oscar por el estremecedor cortometraje Aquel no era yo, parece recoger el testigo de sus dos primeros cortos, en los que diseccionaba la relación de una joven pareja de enamorados, interpretados por Alberto Ferreiro y Aida Folch, que hacen el amor en una habitación (su homónimo Amar) y viven el preciso instante en el que un giro emocional les lleva irremediablemente a la crisis y la separación (Siempre quise trabajar en una fábrica). El film, presentado en la Sección Oficial del Festival de Cine Español de Málaga, arranca justo recreando esa escena ilustrada en el primer cortometraje, toda una declaración romántica de amor desmesurado, en el que la joven adopta un rol que le lleva directamente a una situación de extrema igualdad con su pareja, todo un gesto de generosidad tanto por parte de ella como de él, inmerso en la confianza y el respeto absoluto hacia su pareja. El arranque constituye a la vez un gesto de ingenuidad e inocencia, propia de quienes están en proceso de abandono de la infancia y la adolescencia, apreciable en detalles de jugueteo e inmadurez que aparecen sembrados a lo largo del metraje. Pero la gran ciudad, en este caso una Valencia algo disimulada, y sobre todo la mala educación sexual y sentimental recibida por unos adultos incapaces de poner en orden sus propias vidas amorosas, hará que los acontecimientos se vean abocados al lugar común de la posesión, los celos, el dominio y, en última instancia, el maltrato, en su vertiente psicológica. Amor y dolor llegan a fusionarse de forma convincente y atrayente en un film perfectamente articulado y calculado para que ni falte ni sobre nada, con el fin de atrapar a un espectador al que no deja indiferente, para bien o para mal. En todo este proceso tienen una gran responsabilidad los jóvenes protagonistas, especialmente una María Pedraza en estado de gracia, llena de encanto y dulzura, mientras Pol Monen aporta ternura y descontrol de forma harto emocionante. Los secundarios aportan también su granito de arena en esta agridulce crónica de un primer amor, incluyendo un Gustavo Salmerón que se ha convertido en habitual de la filmografía del realizador. La utilización del sonido, potenciando ruidos y efectos, ayuda a generar una atmósfera de enrarecimiento y abstracción, la que sufren estos jóvenes a quienes no alivian ni sus amistades, ejemplarmente incorporadas por un grupo de noveles a los que se somete a más de un diálogo incómodo, fundamental para promover ese carácter natural y fresco que inspira todo el conjunto. Quiere el azar que haya coincidido su estreno con el de la película de animación japonesa Your Name, donde dos jóvenes viven su particular historia de amor en sueños, invadiendo cada uno el cuerpo de la otra como forma de unión total y trascendental; algo así como Laura y Carlos, que repiten Yo soy tú constantemente, aunque en general su discurso sea más comprensible y conmovedor que el de los títeres anime de la cinta de Makoto Shinkai.