jueves, 22 de junio de 2017

CARTAS DE LA GUERRA Tedioso drama epistolar

Título original: Cartas da Guerra
Portugal 2016 105 min.
Dirección Ivo Ferreira Guión Ivo Ferreira y Edgar Medina, según la novela de António Lobo Antunes Fotografía Joao Ribeiro Intérpretes Miguel Nunes, Margarida Vila-Nova, Ricardo Pereira, Joao Pedro Vaz, Joao Pedro Mamede Estreno en el Festival de Berlín 14 febrero 2016; en Portugal 1 septiembre 2016; en España 16 junio 2017

Basada en la novela epistolar del prestigioso autor portugués António Lobo Antunes, con ciertas reminiscencias autobiográficas, el film de Ferreira se presenta como una ilustración preciosista y melancólica de las vivencias del protagonista, militar en la Guerra de Angola, el último vestigio del imperio portugués en África, médico y con talento para la escritura, todo como el propio autor. La voz en off de la esposa leyendo las poéticas cartas de su marido desde el campo de batalla, se convierte en una presencia latosa y permanente, mientras ante nuestra retina se van sucediendo estampas en esmerado blanco y negro de la vida cotidiana del militar en el país africano, el progresivo desgaste emocional del protagonista y sus compañeros, y el contacto con un pueblo desorientado e incapaz de comprender lo que está sucediendo a su alrededor, así como con la inevitable muerte de compañeros, enemigos y gente inocente. Pero la atención se centra fundamentalmente en la historia de amor del militar y la esposa a la que escribe, donde vuelca toda su pretenciosa poética, con sus dudas y su igualmente deterioro progresivo ante un tiempo que se desarrolla de forma confusa e incierta. Sin atisbo de tensión ni intriga frente al episodio bélico en el que se ambienta, ni un desarrollo dramático que enganche, la experiencia se desarrolla de forma tan anodina como irritante, potenciando la belleza de sus partes (la hermosa fotografía, nominada a los Premios Europeos del Cine, la música elegíaca de clásicos portugueses como Luis de Freitas Branco o Fernando Lopez Graça, combinada con canciones populares de principios de los setenta, o la cuidada ambientación) frente al poco interés y escasa emoción que suscita su endeble material dramático, como viene siendo habitual en el cine luso, tremendamente triste y gris.

lunes, 19 de junio de 2017

TESTIGO Un thriller político mal planteado

Título original: La mécanique de l’ombre
Francia-Bélgica 2016 88 min.
Dirección Thomas Kruithof Guión Yann Gozlan y Thomas Kruithof Fotografía Alex Lamarque Música Grégoire Auger Intérpretes François Cluzet, Simon Abkarian, Sami Bouajila, Alba Rohrwacher, Denis Podalydes, Alexia Depicker Estreno en Francia 11 enero 2017; en España 9 junio 2017

Un hombre corriente, más bien anodino y taciturno, enredado en una trama de intriga y espionaje con consecuencias vitales para la seguridad, la política y la economía de uno de los países más poderosos del mundo. Esta podría ser la sinopsis del debut en la dirección de este realizador galo que pone un ojo en el cine americano de intriga política de los setenta, con La conversación de Coppola a la cabeza, y el otro en la estética gris y fría de David Fincher, sin renunciar a la tradición francesa en este tipo de producciones. Podría haber dado lugar a un film inteligente y atractivo, pero sus premisas van decepcionando paulatinamente y sumergiéndonos en un mar de incredulidad preocupante. Es evidente que nuestros gobiernos nos manipulan, que los servicios secretos y hasta la policía trabaja para enmarañar las intrigas políticas de aquellos a quienes sirven, y que hay corrupción por doquier. Pero eso no basta para construir una estructura dramática suficientemente convincente, que no dé la sensación de caer continuamente en el infantilismo y la ingenuidad, con recursos y giros dramáticos a menudo poco plausibles y cogidos con alfileres. El resultado es que no llega a emocionar, ni irritar ni intrigar lo suficiente, cayendo progresivamente en la apatía. Ni siquiera el desarrollo del personaje interpretado por Cluzet resulta convincente, dentro de un conjunto que cuida más los detalles estéticos que los meramente argumentales, aunque lo pretende. No cabe duda de que se trata de un tipo de cine necesario, pero que exige de coordenadas más precisas y maliciosas.

domingo, 18 de junio de 2017

MÚSICA PARA REFRESCARSE EN LA CLAUSURA DEL XXVII CICLO DE CÁMARA DE LA ROSS

9º concierto del XXVII ciclo de música de cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Paçalin Zef Pavaci, violín. York Yu Kwong, viola. Sasha Crisan, violonchelo. Lucian Ciorata, contrabajo. Vicent Morelló Broseta, flauta. José Manuel González Monteagudo, oboe. Piotr Zymyslik, clarinete. Javier Aragó Muñoz, fagot. Ian Parkes, trompa. Programa: Phantasy-Cuarteto, de Britten; Till Eulenspiegels Einmal Anders!, de Strauss-Hasenöhrl; Six épigraphes antiques, de Debussy-Chapron; Noneto nº 2, de Martinu. Espacio Turina, domingo 18 de junio de 2017

La violonchelista Sasha Louise Crisan
Con un intenso calor fuera, y otro de carácter más emotivo dentro – afortunadamente la refrigeración de la sala cumplió amortiguando los rigores del tiempo – asistimos al broche final del ya pasado ciclo de música de cámara de la ROSS que hizo el número veintisiete. Unas afortunadas palabras de agradecimiento de Victoria Stapells, directora del English Language Institute, patrocinador del evento desde hace varias temporadas, y una invitación al próximo ciclo, que se celebrará íntegramente en el Espacio Turina y contará con un concierto más, introdujeron un programa cuya música sirvió para refrescarnos y olvidarnos del calor imperante. En realidad se trataba en cierto modo de una continuación del programa de mayo, con Martinu cerrándolo de nuevo y otra variación del Till Eulenspiegel de Strauss entre las propuestas, así como la misma plantilla de viento sobre el escenario, esta vez de la sala de la calle Laraña.

El contrabajista Lucian Ciorata, pilar fundamental
de la orquesta, con su característica e inseparable
camisa musical
Estos conciertos de cámara, complemento ideal de la temporada sinfónica, son tan útiles para cubrir el hueco imperdonable que sufrimos en la ciudad, como para fomentar el compañerismo entre los y las músicos de la orquesta, permitiéndoles trabajar con mayor complicidad y más estrecha colaboración. El Cuarteto Fantasía de Britten es una obra de juventud y sin embargo muy madura en sus postulados expresivos, combinando ingeniosamente variaciones con la forma sonata y permitiendo a los intérpretes jugar con armonías, contrastes y tonalidades sin caer en un fácil caos, como de hecho lograron el trío de cuerdas y la magnífica prestación de Monteagudo al oboe. Una versión reducida por Franz Hasenöhrl para vientos y cuerda del poema sinfónico Till Eulenspiegel de Strauss (esta vez de otro modo, reza su título) vino a completar la de sólo vientos del concierto anterior, con protagonismo del violín de Pavaci, único de los nueve músicos convocados que intervino en todo el programa, sin atisbo de fatiga y dando lo mejor de sí con muy buenos resultados.

Mucho antes de que Francis Lai marcara el sonido del cine erótico de los setenta, Debussy ya había ilustrado los poemas lésbicos de su amigo Pierre Louÿs, Le chanson de Bilitis, seis Epígrafes antiguos con orquestación de Bernard Chapron que abundan en arabescos, líneas sinuosas y sensualidad y que quizás hubiera merecido una mayor carga sicalíptica por parte de una formación algo lánguida, a pesar del excelente trabajo de Morelló a la flauta. El Noneto nº 2 de Martinu supone su testamento camerístico, en el exilio y minado por el cáncer, y sin embargo mantiene una estética de divertimento vigoroso y luminoso, que los intérpretes defendieron con un sensacional dominio de los recursos, estupendos todos en sus difíciles cometidos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 16 de junio de 2017

PASTORAL AMERICANA Dolor personal como penitencia del malogrado sueño americano

Título original: American Pastoral
USA 2016 126 min.
Dirección Ewan McGregor Guión John Romano Fotografía Martin Ruhe Música Alexandre Desplat Intérpretes Ewan McGregor, Jennifer Connelly, Dakota Fanning, Peter Riegert, Rupert Evans, Uzo Aduba, David Strathairn, Molly Parker, Valorie Curry, Hannah Nordberg, Samantha Mathis Estreno en el Festival de Toronto 9 septiembre 2016; en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2016; en Estados Unidos 21 octubre 2016; en España 9 junio 2017

Ewan McGregor debuta en la dirección de largometrajes de ficción con esta adaptación de la famosa novela de Philip Roth, ya un clásico de la literatura moderna americana y ganadora del Pulitzer en 1998. Como ocurriera con La mancha humana, quienes esperaban ver una recreación fiel en trama y espíritu del referente literario se han llevado una decepción. Más alarmante es que también se la hayan llevado quienes no tuvieran base ni recursos para hacer la sempiterna comparación entre cine y literatura. Y es que American Pastoral puede igual enganchar que aburrir, sin embargo parece existir cierta unanimidad a la hora de decantarse por lo segundo. A veces sin embargo suenan voces discordantes, y algunos encontramos un material irresistible que McGregor, con ayuda del guionista, ha reducido a un aspecto quizás no tan evidente o visible en la novela. Se trata de la historia de una familia típica americana, un matrimonio formado por un joven y carismático deportista y una reina de la belleza, con una hija que parece salida de un cuento de hadas, en un momento crucial de Estados Unidos, cuando recién terminada la 2ª Guerra Mundial ha asumido su condición de feliz sueño hecho realidad, comodidad al máximo y espíritu inviolable e invencible. Un país que una década después verá su inocencia truncada, dándose de bruces con la cruel realidad al enfrentarse a fantasmas como el magnicidio, la Guerra Fría o la más tangible de Vietnam, y todo lo demás que dio forma a los convulsos sesenta. Todo ello se convierte en la película en mero telón de fondo para hablar de una tragedia más individual y humana. Donde Roth quería reflejar el espíritu de decadencia, el golpe al gran sueño americano, la desmoralización de todo un país, y hacerlo en un tono radical y funerario, McGregor parece preferir centrarse en el drama de un padre obsesionado por encontrar a una hija descarriada, un zombi de los que habitan en nuestras ciudades, incapaz de asumir su lugar en una sociedad que ni comprende ni comparte. Padre e hija obligados a sufrir un particular calvario, mientras otros y otras en la función prefieren pasar página y seguir disfrutando de los restos del naufragio, lo que queda de ese sistema que nos vendieron como perfecto pero que no puede disimular sus heridas. El tono fantasmagórico que McGregor ha sabido impregnar en una película tan bien interpretada como ambientada, logra transmitir a quienes nos ha cautivado una desesperada conmoción y una profunda pesadumbre sobre la fragilidad de la felicidad, los seguramente falsos postulados sobre los que la hemos erigido, y la incapacidad para asumir lo efímero de nuestra existencia. Para todo ello McGregor no parece haber prescindido de ningún capítulo de la novela ni de ningún detalle, pero ha fijado su atención en aquello que le es relevante para convertir el drama generacional en una tragedia particular y una penitencia individual, saliendo a nuestro juicio bastante airoso de la empresa. Como curiosidad, quien en los noventa despuntara como estrella en ciernes, Samantha Mathis, interpreta aquí un breve pero revelador papel, con aspecto más de Louise Fletcher de Alguien voló sobre el nido del cuco que de la bella tejana que seducía la cámara de Peter Bogdanovich en Esa cosa llamada amor. Por su parte, David Strathairn borda en su también breve intervención el papel del escritor Nathan Zuckerman, alter ego del novelista y figura recurrente en su bibliografía.

DE LA CALMA A LA TEMPESTAD, Y ESPAÑA EN MEDIO

12º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Asier Polo, violonchelo. JoAnn Falletta, directora. Programa: Ma mère l’Oye, de Ravel; Concierto in modo galante, de Rodrigo; Die Seejungfrau, de Zemlinsky. Teatro de la Maestranza, jueves 15 de junio de 2017

El breve lapso de euforia que supuso la retirada de los lazos verdes en los hábitos de los y las integrantes de la Sinfónica llegó el jueves a su fin con el incumplimiento por las instituciones de parte de los compromisos asumidos con los representantes de la orquesta, incluido algo tan grave como que el conjunto siga sin tener un gerente que organice y defienda su gestión administrativa. Es la España de los políticos incompetentes y corruptos que sirven de imagen y referente a una sociedad anestesiada y resignada a ser el cortijo en el que nos han convertido. La España que estuvo representada en el duodécimo concierto de abono de esta temporada en los aires neoclásicos de Joaquín Rodrigo, en cierto modo un reflejo del retrato que Goya hizo de una sociedad en deconstrucción que ya mostraba las características que la convierten en escarnio de auténticos demócratas. Esta pieza sirvió de nexo entre otras dos con inspiración en cuentos clásicos, cuyos valores no deberían encajar en una educación infantil moderna, por violentos y machistas, pero que inspiraron el carácter delicado y mágico de Ravel frente al más tempestuoso del poema sinfónico de Zemlinsky.

Si la memoria no nos falla, JoAnn Falletta es la tercera mujer en subir al podio del Maestranza, después de Gloria Isabel Ramos y Kerri Lynn-Wilson. La norteamericana es la directora titular de la Filarmónica de Búfalo y una consumada artista que ha grabado multitud de registros, muy especialmente los que ha dedicado a Ernö Dohnányi. Su visión de los cinco números que integran la suite Mi madre la oca de Ravel estuvo impregnada de dulzura y delicadeza, prácticamente como si la música flotara y la atmósfera mágica y sutil de la página fuera perfectamente palpable. Melancólica y vivaz, encantadora y cristalina, así sonó en sus manos la magnífica orquestación de la pieza original para piano. Con un deslumbrante uso de las dinámicas y un emocionante crescendo final, coronó una interpretación magistral de la obra. Con ella nos sumergimos quizás en esa calma en la que se había sumido la orquesta tras las promesas que le auguraban un futuro más optimista. Con La sirenita final nos embarcamos en la tempestad que se avecina tras el incumplimiento sistemático de las medidas prometidas. La pieza de Alexander von Zemlinsky, retirada de las salas de concierto durante cerca de ochenta años, adopta la forma de poema sinfónico, pero su carácter discursivo y monótono no le permite situarse entre lo más acertado de su producción. Falletta manejó también aquí texturas y dinámicas de manera muy convincente, con enorme atención a los detalles y atenuando los diversos cambios de color y carácter, ofreciendo momentos de enorme lirismo frente a otros de fuerte espíritu tempestuoso.

Hacía tiempo que no disfrutábamos de Asier Polo en el Maestranza. Con una evidente complicidad con la directora estadounidense y una orquesta en plena forma, Polo ofreció una rutilante interpretación del Concierto galante de Joaquín Rodrigo, primero de los dos que compuso para el violonchelo y de fuerte inspiración en Boccherini, con un tono popular e irónico, potenciado por un uso generoso de disonancias, que Polo, siempre carnoso y aterciopelado, supo recrear a la perfección, mientras en el adagietto ofreció un profundo y conmovedor lirismo. Su orquestación sencilla, manejada además con respeto y admiración por Falletta, permitió al violonchelista vasco desplegar sus amplios recursos con comodidad. Un arreglo para violonchelo y orquesta del Intermezzo de la ópera Goyescas de Granados sirvió como propina, casualmente un día después de deleitarnos con la transcripción para guitarra que ofreció Esther Guzmán en la clausura del Festival de Primavera de Juventudes Musicales. De manera insólita tratándose de un programa de abono, hubo propina también al final del concierto, tras La sirenita, como sentido y emotivo homenaje a la compañera Pastora Domínguez Moreno, violonchelista de la orquesta desde su fundación y fallecida a la prematura edad de 67 años. Nimrod, de las Variaciones Enigma de Elgar, fue una muy adecuada elección para sublimar la figura de la desaparecida, con una interpretación llena de solemnidad y emoción.

jueves, 15 de junio de 2017

LA GUITARRA DE ESTHER

XXVIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. María Esther Guzmán, guitarra. Programa: Fuga y Diferencias, de Cabezón; Adagio y Fuga BWV 1005, de Bach; Sonata Giocosa, de Rodrigo; Intermezzo y Danzas V y IX, de Granados; Paisaje cubano con campanas, de Brouwer; Tema de Lara, de Jarre; La misión, de Morricone. Salón de los Carteles de la Real Plaza de Toros de Sevilla, miércoles 14 de junio de 2017

Tras una primera semana dedicada al piano, como es habitual en el Festival de Primavera, la segunda ha tenido un contenido más ecléctico, desde la música vocal de A5 Ensemble a la guitarra de Mª Esther Guzmán, pasando por la música de cámara del Trío Carmen Veneris. La excepcional guitarrista sevillana es una habitual de la escena local, pero un espacio tan recogido como el que ofrece el Salón de Carteles de la Maestranza potencia aún más el carácter poético y la carga mágica de sus interpretaciones, en perfecta comunión no sólo con su guitarra, a la que mira, acaricia y mima como si fuera su bebé, sino también con el reducido público que consigue entrar en perfecta sintonía con la intérprete y su particular universo estético y musical. Guzmán desgranó en esta velada no sólo su demostrada capacidad a la cuerda pulsada, sino también su talento para transcribir piezas concebidas para otros instrumentos, sirviéndose de sus propios apuntes incluso en páginas que conocen versiones para guitarra muy transitadas.

Un momento de la actuación
(foto: Manu G. Maroto)
Fugas, tientos y diferencias integran el grueso del que fue quizás el más importante compositor europeo para tecla de su época, Antonio de Cabezón, testigo de intrigas palaciegas y gestas épicas de Carlos I y Felipe II, y de quien la sevillana ofreció una página llena de dulzura y delicadeza. No es quizás su toque un prodigio de virtuosismo, sobre todo porque no es eso lo que a ella le interesa, sino más bien extraer de cada obra su esencia y lirismo, y tener la capacidad suficiente para transmitirla, y ahí sí que es prodigiosa. Lo corroboraron los dos primeros movimientos de la Sonata para violín nº 3 de Bach, sobre todo una extensa fuga de intensa espiritualidad, que se enroscaba sin rutina ni cansancio. De la Sonata Giocosa de Joaquín Rodrigo, primera firmada por el autor, allá en 1958, Guzmán potenció más sus disonancias que su carácter folclórico, sin renunciar a su encanto y elegancia y a ese sabor flamenco que respira el vigoroso allegro final.

Más delicadeza aún en el Intermezzo de Goyescas del malogrado Granados, con toda su intensidad orquestal hábil y solemnemente reducida por la propia intérprete, así como la Andaluza y la Romántica de las Doce Danzas Españolas del mismo autor, dechado de elegancia en unas páginas que a menudo se despachan con desmesura. El carácter experimental del Paisaje cubano con campanas, uno de los cincos paisajes cubanos compuestos por quien fuera titular de la Orquesta de Córdoba durante muchos años, Leo Brouwer, se despachó con una interpretación sutil y concentrada. La balalaika de Lara, un Maurice Jarre en estilo Tárrega, y el oboe de Gabriel, de Morricone, se convirtieron por arte de magia en la guitarra de Esther, para deleite de quienes presenciamos un concierto tan hermoso como comunicativo, perfecto colofón para una preciosa edición del Festival que Juventudes Musicales ha dedicado a su mentor, Julio Gº Casas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 14 de junio de 2017

PIELES Un toque bizarrosa

España 2017 77 min.
Guión y dirección Eduardo Casanova Fotografía José Antonio Muñoz “Nono”Música Ángel Ramos Intérpretes Ana Polovorosa, Candela Peña, Macarena Gómez, Carmen Machi, Secun de la Rosa, Jon Kortajarena, Joaquín Climent, Enrique Martínez, Eloi Costa, Itziar Castro, Carolina Bang, Ana María Ayala, Adolfo Fernández, Antonio Durán “Morris”, Javier Bódalo Estreno en el Festival de Berlín 11 febrero 2017; en el de Málaga 24 marzo 2017; en salas comerciales 9 junio 2017

Propuestas como ésta refrescan en cierta medida el panorama cinematográfico español, empeñado en emular otras cinematografías como la americana o la francesa con productos que sólo en escasas ocasiones es capaz de competir con los originales. El surrealismo por otra parte siempre se nos ha dado bien, y si le añadimos un toque bizarro y hasta grotesco, mucho mejor. Buñuel era un especialista en eso, y por lo tanto no deberíamos sorprendernos más que lo justo ante un espectáculo como el que ofrece el cortometrajista Eduardo Casanova en su debut en formato largometraje. Pero la audacia y lo rompedor lo son sólo hasta cierto punto, pues Casanova apenas disimula las costuras de su propuesta ni maquilla su mensaje, inequívocamente dirigido a una mayor tolerancia no sólo a la diferencia sino a las diversas formas de buscar la felicidad, a través del amor, sin él, o profesándolo a uno o una misma. En el camino adorna con una estética muy rosa y violeta, una cuidada planificación de la imagen y el encuadre y una esmerada dirección artística, una función en la que cuerpos y rostros poco agradables claman por su individualidad y su expresión sin renunciar a una sensibilidad que el director no logra captar en toda su plenitud. Ya la carta de presentación, con el poco agraciado, muy avejentado, cuerpo desnudo de una mujer anciana, parece indicar cuáles sean sus cartas. A partir de ahí una serie de vidas entrecruzadas, en las que lo físico se adueña de lo espiritual, van definiendo un ejercicio en el que la imaginación luce más de lo que realmente es, con estampas tan familiares a esa estética kitsch que plantea, que recuerdan incluso al universo videoclipero de Fangoria. Al final su propuesta estética cala más que el mensaje de tolerancia y libertad que pretende transmitir, con lo que el experimento, sin menospreciar su carácter atrevido y grotesco, le sale un poco rana. El Jurado Joven del Festival de Málaga le concedió su premio especial.